La falacia del empleo

Nos han inducido a pensar que sólo trabaja quien tiene empleo, e identificamos trabajar con tener empleo, como si fuesen lo mismo; pero el que se realiza cuidando a los hijos, cuidando de familiares enfermos, o con dependencia, y el que se lleva a cabo con las tareas del hogar, aunque no se perciba remuneración alguna por ello, son claros ejemplos de trabajo.

Hemos interiorizado que el trabajo dignifica, en realidad refiriéndonos al empleo, y, sin embargo, lo que ese eslogan pretende no es otra cosa que romper las posibles resistencias sicológicas al empleo. Cada vez más trabajamos para poder subsistir, en muchos casos malvivir, y enriquecer a quien nos explota, en una economía que debe crecer año tras año, como si se pudiese hacer hasta infinito. Las cosas se han organizado de esta manera para que así sucedan, y no para el bien común, que podría satisfacer las necesidades sociales. No es mejor en el caso de los llamados "emprendedores", que no son sino autónomos en precario, o falsos autónomos; donde queda evidente la sentencia del filósofo coreano Byung-Chul Han, "ahora uno se explota a sí mismo y cree que está realizándose".

Ahora uno se explota a sí mismo y cree que está realizándose

A finales de 2013 la firma encuestadora Gallup publicó un estudio que hizo a nivel mundial, en el que se muestra que el 87% de trabajadores no se sienten implicados en el trabajo que desempeñan, lo que termina generando una gran insatisfacción. Cuatro años después sus sondeos reflejaban un descenso en el malestar de los trabajadores con un 85%. En cualquier caso, lo que reflejan estos datos es que el empleo es más una fuente de frustración que de satisfacción.

Estrés laboral

El empleo es la única vía, si no se posee los medios de producción, para acceder al derecho a existir sin caer en el asistencialismo y la caridad.

Una vez aceptada y asimilada la dependencia al empleo, si éste se reduce aumentando el número de desempleados, estaremos dispuestos a tolerar la explotación, trabajar en empleos inútiles, dañinos o carentes de ética.

Hacer parecer más importantes a otras personas

Empleos como el de los porteros o el de azafatas de congreso o feria, cuya única finalidad es la de hacer parecer a otras personas más importantes; teleoperadores de ventas, lobistas, abogados corporativos, cuyo único fin es beneficiar a sus jefes, sin que esto suponga mejora alguna para la sociedad; el de los asesores, que su trabajo es el de hacer el trabajo de sus jefes; el de los mandos medios, que si desapareciesen se seguiría realizando el mismo trabajo sin apreciarse su ausencia. Empleos que si no existiesen no cambiaría nada o sería de agradecer, como cuenta David Graeber en su libro "Bullshit Jobs: a Theory".

El negocio de la guerra

Es evidente que sin guerras se viviría mejor en el mundo, pero son un negocio que mueve un volumen de beneficios impresionante, y crean empleo. Hemos aceptado que es una ingenuidad pensar en un mundo sin guerras, o conflictos y tensiones bélicas, a pesar de que, en términos sociales, son una ruina económica, porque ese dinero podría ir destinado al bienestar social, sin contar con el horror que generan y las muertes que causan. Son procedimientos de dominación y control mundial.

El atasco más grande del mundo

Si no se hubiese llegado a extender el uso del automóvil, de forma individualizada, hasta el punto irracional que se ha hecho, invadiendo las calles, ya circulando o estacionados, hasta en doble fila; vehículos que se pasan la mayor parte del tiempo parados, y cuando son utilizados, la mayoría de las veces sólo va el conductor en su interior. Enormes recursos empleados en la fabricación de unos automóviles que van a ser infrautilizados, en vez de haberse organizado un uso público de él, sin ser adquiridos en propiedad, compartiendo su utilización para cuando realmente se necesita, y haber fomentado, mejorado y desarrollado adecuadamente el transporte público. No se habría contaminado el aire de las ciudades en el grado al que hemos llegado, que mata quince veces más que los accidentes de tráfico, según el último informe de ecologistas en acción, ni se habrían esquilmado los recursos naturales en la medida que lo hemos hecho, por más que hayan hecho crecer las economías.

Basura electrónica

Es la sociedad de consumo que nos han creado, de usar y tirar, primero, y más tarde de la obsolescencia programada, de las actualizaciones y las novedades, haciendo que vayan a la basura toneladas y toneladas de residuos tecnológicos, y que tanto empleo han creado.

En 2018 el alcalde de Cadiz, Kichi, exculpó la producción de corbetas para Arabia Saudí, calificando de dilema imposible, el tener que elegir "entre fabricar armas o comer", pidiendo "que nadie nos obligue a decidir entre defender el pan o la paz". ¿Se es cómplice, de la guerra de Yemen, en este caso, al venderles bombas de precisión a Arabia, o la disculpa económica lo justifica?

Vender armas o perder el empleo

Se calcula que 151.6 millones de niños y niñas son víctimas del trabajo infantil. Inditex, El Corte Ingles y Cortefiel son empresas españolas que han sido acusadas de emplear a niñas y adolescentes en sus plantas textiles de India y Bangladesh en condiciones de semiesclavitud, como se reflejó en el informe Flawed fabrics. Las empleadas con los salarios más bajos del mundo, con 23 euros al mes, trabajan en la confección de ropa en Etiopía para marcas como Guess, H&M y Calvin Klen, según un informe del Centro Stern para Negocios e Industria.

Ropa sucia

En junio de 2019 conocimos que las autoridades indias abrieron una investigación porque en el estado de Maharashtra se habían hecho más de 4.500 extirpaciones de útero en los últimos tres años, concentradas en una comunidad de mujeres cortadoras de caña de azúcar, y se relacionó con la presión que recibían las mujeres para trabajar sin producir ausencias y poder conservar el empleo.

Desperdicio de alimentos

En Europa se tiran a la basura 89 millones de toneladas de alimentos al año, por un valor de 143.000 millones de euros. El coste total de los alimentos que se desperdician en el mundo es de un billón de dólares. Se genera el doble de alimentos del que haría falta para alimentar al mundo entero, pero hay 821 millones de personas que sufren desnutrición severa en el mundo. Estas cifras dejan claro que vivimos en un mundo desigual e injusto, y no es la falta de alimento lo que lo origina, sino que su excedente pone en evidencia la lógica de un sistema enfermo.

 

Distribución y concentración de la riqueza

Tenemos tan profundamente asimilado lo necesario que es el empleo, cuando lo que de verdad es necesario es cubrir las necesidades que tenemos como sociedad y como personas en particular, cooperando por el bien común, sin someternos ni aprovecharnos de las desigualdedes sociales producidas en un sistema que beneficia a quienes más tienen; que no nos damos cuenta de su falacia cuando se hacen afirmaciones tan absurdas y contradictorias como que si se sube el salario mínimo interprofesional habría negocios que desaparecerían, al no poder pagar esos sueldos, perjudicando a una gran cantidad de familias que dependen de estos empleos; porque estamos dentro de la trampa del empleo. Los empleos que no pueden ser remunerados dignamente no deben existir. Vivimos en una anomalía, que establece la necesidad del empleo para subsistir y poder ser una persona aceptada y respetada, aún en contra de nuestros propios intereses, laborales o personales, porque lo que falla es el mismo sistema.

La mecanización y después la automatización han ido reduciendo el número de trabajadores que hacen falta para producir más de lo que necesitamos, otra cosa es que la distribución de la riqueza generada no llegue a todas partes; sin embargo, y a consecuencia de esto, ha ido creciendo el número de personas desempleadas, en vez de que se haya ido reduciendo el número de horas de la jornada laboral, para repartir la carga de trabajo, como indicaría el sentido común. Esto es debido a una cultura del trabajo-empleo que sólo beneficia a las clases privilegiadas y que dice que el trabajo dignifica, cuando, en realidad, al señalar esto, en lo que están pensando es en su cuenta de resultados, a costa del esfuerzo de la clase trabajadora, mal pagada y maltratada.

Políticos y economistas de diferentes bandos, en sus disputas, enfrentamientos y rivalidad de color político, nos hacen creer que se destruye o se crea empleo según la buena o mala gestión del gobierno de turno, haciéndonos ver que tiene sentido votar, y dando a entender que el pleno empleo es posible (cómo si fuese necesario o deseable hacer ricos con nuestro trabajo a quienes nos explotan), o acercarse a él, si se gestiona correctamente; pero los empleos que se crean son precarios, temporales, a tiempo parcial, con unas condiciones laborales degradantes y sueldos humillantes, o, en el mejor de los casos, insuficientes. Los políticos se limitan a sacar leyes que autoricen esta vergüenza, porque ese es su cometido, favorecer a los mercados, a los dueños del dinero. Sin embargo, lo cierto es que el empleo tiende a desaparecer, reduciéndose cada vez más la mano de obra necesaria; y más aún con la robotización y la inteligencia artificial de la cuarta revolución industrial en la que nos estamos adentrando, que destruirán empleo como no hay precedente histórico. Aunque antes de que se llegue a ese punto y antes de que entremos en un colapso del sistema, de la mano del colapso energético y ecológico, van a ganar todo el dinero que puedan, explotándonos, y lo harán porque estamos en una posición de fragilidad, de necesidad de empleo, sin libertad, ante el abismo del desempleo que conduce al infierno del asistencialismo; lo que nos lleva a aceptar condiciones de trabajo inaceptables, que lo serían de estar en una posición de dignidad, pero nos aplastan con su lógica cínica: "es lo que hay, si no lo quieres ahí tienes la puerta, en el paro hay más gente esperando a que les llamen"; y lo peor es que lo estamos normalizando, asumiéndolo como algo natural, "es lo que hay, qué le vamos a hacer", o "...y que no nos falte", por más que abusen de nosotros con tal de sobrevivir y lo agradecemos.

Desigualdad

Pero no nos planteamos como sociedad que si el empleo desaparece es porque no hace falta; por lo tanto, de lo que hay que hablar es de la redistribución de la riqueza, necesaria y justa. La riqueza generada no es sólo suya, de la clase dominante, que apenas pagan impuestos, cuando lo hacen; nos pertenece a toda la sociedad, porque se ha producido por conformar sociedad; nadie se hace rico fuera de ésta.

Se supone que si estamos en un sistema de mercado es porque la gestión privada es mejor que la pública, dicen, y crea más riqueza, de la cual se beneficia toda la sociedad, ¿no?; porque si no es así estamos haciendo el idiota.

Confesiones de trabajadores de hoteles: todo lo que odian de ti

Un derecho fundamental y básico, el derecho a una vida digna, nos haría ver el absurdo que estamos manteniendo y defendiendo. Una vez garantizada una vida digna, para todas las personas, se vendría abajo todo el artificio disparatado de los empleos indignos, inútiles y dañinos, los empleos que no quiere nadie; las formas degradantes, indignas o ilegales de ganarse la vida. Dejaríamos de ser dependientes de empleo y la explotación desaparecería, lo mismo que la pobreza.

El 'botón del pánico', arma contra el acoso sexual a las empleadas de hoteles en EEUU

Una de las críticas más reiteradas a la Renta Básica Universal Incondicional, desde los inicios de su planteamiento, es que si se implantase esta medida económica la gente no querría trabajar, dejando al descubierto, al decir esto, sin caer en la cuenta, que la doctrina que dice que el trabajo (queriéndose referir al empleo) dignifica, y que la mayoría de la gente acepta tal cual, es una mentira increible, porque si fuese verdad la gente no estaría deseando dejar de trabajar a la más mínima oportunidad que se les de para ello, como ellos denuncian, para hacernos sentir culpables de no querer ganarnos la vida bajo sometimiento, por flojos. El sentido común nos dice que nadie se somete a explotación si no es por necesidad, desde luego no por virtud.

Disponer de una Renta Básica de carácter universal y sin condiciones, que garantice una percepción, como mínimo, igual al umbral de la pobreza, en su cuantía, nos permitiría alcanzar un grado de libertad que aún no hemos llegado a conocer como sociedad, en su conjunto y de una forma global.

El primer paso para conquistar los derechos fundamentales es ser conscientes de ello.

 


 




Nos han inducido a pensar que sólo trabaja quien tiene empleo, e identificamos trabajar con tener empleo, como si fuesen lo mismo; pero el que se realiza cuidando a los hijos, cuidando de familiares enfermos, o con dependencia, y el que se lleva a cabo con las tareas del hogar, aunque no se perciba remuneración alguna por ello, son claros ejemplos de trabajo.

Hemos interiorizado que el trabajo dignifica, en realidad refiriéndonos al empleo, y, sin embargo, lo que ese eslogan pretende no es otra cosa que romper las posibles resistencias sicológicas al empleo. Cada vez más trabajamos para poder subsistir, en muchos casos malvivir, y enriquecer a quien nos explota, en una economía que debe crecer año tras año, como si se pudiese hacer hasta infinito. Las cosas se han organizado de esta manera para que así sucedan, y no para el bien común, que podría satisfacer las necesidades sociales. No es mejor en el caso de los llamados "emprendedores", que no son sino autónomos en precario, o falsos autónomos; donde queda evidente la sentencia del filósofo coreano Byung-Chul Han, "ahora uno se explota a sí mismo y cree que está realizándose".

Ahora uno se explota a sí mismo y cree que está realizándose

A finales de 2013 la firma encuestadora Gallup publicó un estudio que hizo a nivel mundial, en el que se muestra que el 87% de trabajadores no se sienten implicados en el trabajo que desempeñan, lo que termina generando una gran insatisfacción. Cuatro años después sus sondeos reflejaban un descenso en el malestar de los trabajadores con un 85%. En cualquier caso, lo que reflejan estos datos es que el empleo es más una fuente de frustración que de satisfacción.

Estrés laboral

El empleo es la única vía, si no se posee los medios de producción, para acceder al derecho a existir sin caer en el asistencialismo y la caridad.

Una vez aceptada y asimilada la dependencia al empleo, si éste se reduce aumentando el número de desempleados, estaremos dispuestos a tolerar la explotación, trabajar en empleos inútiles, dañinos o carentes de ética.

Hacer parecer más importantes a otras personas

Empleos como el de los porteros o el de azafatas de congreso o feria, cuya única finalidad es la de hacer parecer a otras personas más importantes; teleoperadores de ventas, lobistas, abogados corporativos, cuyo único fin es beneficiar a sus jefes, sin que esto suponga mejora alguna para la sociedad; el de los asesores, que su trabajo es el de hacer el trabajo de sus jefes; el de los mandos medios, que si desapareciesen se seguiría realizando el mismo trabajo sin apreciarse su ausencia. Empleos que si no existiesen no cambiaría nada o sería de agradecer, como cuenta David Graeber en su libro "Bullshit Jobs: a Theory".

El negocio de la guerra

Es evidente que sin guerras se viviría mejor en el mundo, pero son un negocio que mueve un volumen de beneficios impresionante, y crean empleo. Hemos aceptado que es una ingenuidad pensar en un mundo sin guerras, o conflictos y tensiones bélicas, a pesar de que, en términos sociales, son una ruina económica, porque ese dinero podría ir destinado al bienestar social, sin contar con el horror que generan y las muertes que causan. Son procedimientos de dominación y control mundial.

El atasco más grande del mundo

Si no se hubiese llegado a extender el uso del automóvil, de forma individualizada, hasta el punto irracional que se ha hecho, invadiendo las calles, ya circulando o estacionados, hasta en doble fila; vehículos que se pasan la mayor parte del tiempo parados, y cuando son utilizados, la mayoría de las veces sólo va el conductor en su interior. Enormes recursos empleados en la fabricación de unos automóviles que van a ser infrautilizados, en vez de haberse organizado un uso público de él, sin ser adquiridos en propiedad, compartiendo su utilización para cuando realmente se necesita, y haber fomentado, mejorado y desarrollado adecuadamente el transporte público. No se habría contaminado el aire de las ciudades en el grado al que hemos llegado, que mata quince veces más que los accidentes de tráfico, según el último informe de ecologistas en acción, ni se habrían esquilmado los recursos naturales en la medida que lo hemos hecho, por más que hayan hecho crecer las economías.

Basura electrónica

Es la sociedad de consumo que nos han creado, de usar y tirar, primero, y más tarde de la obsolescencia programada, de las actualizaciones y las novedades, haciendo que vayan a la basura toneladas y toneladas de residuos tecnológicos, y que tanto empleo han creado.

En 2018 el alcalde de Cadiz, Kichi, exculpó la producción de corbetas para Arabia Saudí, calificando de dilema imposible, el tener que elegir "entre fabricar armas o comer", pidiendo "que nadie nos obligue a decidir entre defender el pan o la paz". ¿Se es cómplice, de la guerra de Yemen, en este caso, al venderles bombas de precisión a Arabia, o la disculpa económica lo justifica?

Vender armas o perder el empleo

Se calcula que 151.6 millones de niños y niñas son víctimas del trabajo infantil. Inditex, El Corte Ingles y Cortefiel son empresas españolas que han sido acusadas de emplear a niñas y adolescentes en sus plantas textiles de India y Bangladesh en condiciones de semiesclavitud, como se reflejó en el informe Flawed fabrics. Las empleadas con los salarios más bajos del mundo, con 23 euros al mes, trabajan en la confección de ropa en Etiopía para marcas como Guess, H&M y Calvin Klen, según un informe del Centro Stern para Negocios e Industria.

Ropa sucia

En junio de 2019 conocimos que las autoridades indias abrieron una investigación porque en el estado de Maharashtra se habían hecho más de 4.500 extirpaciones de útero en los últimos tres años, concentradas en una comunidad de mujeres cortadoras de caña de azúcar, y se relacionó con la presión que recibían las mujeres para trabajar sin producir ausencias y poder conservar el empleo.

Desperdicio de alimentos

En Europa se tiran a la basura 89 millones de toneladas de alimentos al año, por un valor de 143.000 millones de euros. El coste total de los alimentos que se desperdician en el mundo es de un billón de dólares. Se genera el doble de alimentos del que haría falta para alimentar al mundo entero, pero hay 821 millones de personas que sufren desnutrición severa en el mundo. Estas cifras dejan claro que vivimos en un mundo desigual e injusto, y no es la falta de alimento lo que lo origina, sino que su excedente pone en evidencia la lógica de un sistema enfermo.

 

Distribución y concentración de la riqueza

Tenemos tan profundamente asimilado lo necesario que es el empleo, cuando lo que de verdad es necesario es cubrir las necesidades que tenemos como sociedad y como personas en particular, cooperando por el bien común, sin someternos ni aprovecharnos de las desigualdedes sociales producidas en un sistema que beneficia a quienes más tienen; que no nos damos cuenta de su falacia cuando se hacen afirmaciones tan absurdas y contradictorias como que si se sube el salario mínimo interprofesional habría negocios que desaparecerían, al no poder pagar esos sueldos, perjudicando a una gran cantidad de familias que dependen de estos empleos; porque estamos dentro de la trampa del empleo. Los empleos que no pueden ser remunerados dignamente no deben existir. Vivimos en una anomalía, que establece la necesidad del empleo para subsistir y poder ser una persona aceptada y respetada, aún en contra de nuestros propios intereses, laborales o personales, porque lo que falla es el mismo sistema.

La mecanización y después la automatización han ido reduciendo el número de trabajadores que hacen falta para producir más de lo que necesitamos, otra cosa es que la distribución de la riqueza generada no llegue a todas partes; sin embargo, y a consecuencia de esto, ha ido creciendo el número de personas desempleadas, en vez de que se haya ido reduciendo el número de horas de la jornada laboral, para repartir la carga de trabajo, como indicaría el sentido común. Esto es debido a una cultura del trabajo-empleo que sólo beneficia a las clases privilegiadas y que dice que el trabajo dignifica, cuando, en realidad, al señalar esto, en lo que están pensando es en su cuenta de resultados, a costa del esfuerzo de la clase trabajadora, mal pagada y maltratada.

Políticos y economistas de diferentes bandos, en sus disputas, enfrentamientos y rivalidad de color político, nos hacen creer que se destruye o se crea empleo según la buena o mala gestión del gobierno de turno, haciéndonos ver que tiene sentido votar, y dando a entender que el pleno empleo es posible (cómo si fuese necesario o deseable hacer ricos con nuestro trabajo a quienes nos explotan), o acercarse a él, si se gestiona correctamente; pero los empleos que se crean son precarios, temporales, a tiempo parcial, con unas condiciones laborales degradantes y sueldos humillantes, o, en el mejor de los casos, insuficientes. Los políticos se limitan a sacar leyes que autoricen esta vergüenza, porque ese es su cometido, favorecer a los mercados, a los dueños del dinero. Sin embargo, lo cierto es que el empleo tiende a desaparecer, reduciéndose cada vez más la mano de obra necesaria; y más aún con la robotización y la inteligencia artificial de la cuarta revolución industrial en la que nos estamos adentrando, que destruirán empleo como no hay precedente histórico. Aunque antes de que se llegue a ese punto y antes de que entremos en un colapso del sistema, de la mano del colapso energético y ecológico, van a ganar todo el dinero que puedan, explotándonos, y lo harán porque estamos en una posición de fragilidad, de necesidad de empleo, sin libertad, ante el abismo del desempleo que conduce al infierno del asistencialismo; lo que nos lleva a aceptar condiciones de trabajo inaceptables, que lo serían de estar en una posición de dignidad, pero nos aplastan con su lógica cínica: "es lo que hay, si no lo quieres ahí tienes la puerta, en el paro hay más gente esperando a que les llamen"; y lo peor es que lo estamos normalizando, asumiéndolo como algo natural, "es lo que hay, qué le vamos a hacer", o "...y que no nos falte", por más que abusen de nosotros con tal de sobrevivir y lo agradecemos.

Desigualdad

Pero no nos planteamos como sociedad que si el empleo desaparece es porque no hace falta; por lo tanto, de lo que hay que hablar es de la redistribución de la riqueza, necesaria y justa. La riqueza generada no es sólo suya, de la clase dominante, que apenas pagan impuestos, cuando lo hacen; nos pertenece a toda la sociedad, porque se ha producido por conformar sociedad; nadie se hace rico fuera de ésta.

Se supone que si estamos en un sistema de mercado es porque la gestión privada es mejor que la pública, dicen, y crea más riqueza, de la cual se beneficia toda la sociedad, ¿no?; porque si no es así estamos haciendo el idiota.

Confesiones de trabajadores de hoteles: todo lo que odian de ti

Un derecho fundamental y básico, el derecho a una vida digna, nos haría ver el absurdo que estamos manteniendo y defendiendo. Una vez garantizada una vida digna, para todas las personas, se vendría abajo todo el artificio disparatado de los empleos indignos, inútiles y dañinos, los empleos que no quiere nadie; las formas degradantes, indignas o ilegales de ganarse la vida. Dejaríamos de ser dependientes de empleo y la explotación desaparecería, lo mismo que la pobreza.

El 'botón del pánico', arma contra el acoso sexual a las empleadas de hoteles en EEUU

Una de las críticas más reiteradas a la Renta Básica Universal Incondicional, desde los inicios de su planteamiento, es que si se implantase esta medida económica la gente no querría trabajar, dejando al descubierto, al decir esto, sin caer en la cuenta, que la doctrina que dice que el trabajo (queriéndose referir al empleo) dignifica, y que la mayoría de la gente acepta tal cual, es una mentira increible, porque si fuese verdad la gente no estaría deseando dejar de trabajar a la más mínima oportunidad que se les de para ello, como ellos denuncian, para hacernos sentir culpables de no querer ganarnos la vida bajo sometimiento, por flojos. El sentido común nos dice que nadie se somete a explotación si no es por necesidad, desde luego no por virtud.

Disponer de una Renta Básica de carácter universal y sin condiciones, que garantice una percepción, como mínimo, igual al umbral de la pobreza, en su cuantía, nos permitiría alcanzar un grado de libertad que aún no hemos llegado a conocer como sociedad, en su conjunto y de una forma global.

El primer paso para conquistar los derechos fundamentales es ser conscientes de ello.

 


 




Juanjo Administrator
Miembro del colectivo Renta Básica Fuenlabrada

 

 

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