Desclasados por desconocimiento

Vivimos en sociedades estratificadas en clases sociales, sin que haya una clara idea de ello, logrando así que no pensemos mucho acerca de esta realidad. A través del cine, la publicidad, distintos programas de televisión, etc., se nos hace ver que en la vida unas veces se está arriba y otras abajo, según sonría la suerte, o el mérito que se tenga, gracias al esfuerzo y talento del que se disponga; sin embargo, según la OCDE, el 80% de quienes nacen pobres lo seguirán siendo de adultos, y, por el lado contrario, el 72% de las familias más adineradas perpetúan su posición social generación tras generación.

Se habla de "la clase política", apenas de la burguesía, que se la sitúa en un tiempo pasado, lo mismo que sucede con la nobleza; al clero no se le menciona como clase social, sino que se hace referencia a la Iglesia como institución; se habla cada vez más de empleados, cada vez menos de trabajadores, y prácticamente nunca de clase trabajadora; de la misma manera que ya casi no se hace referencia a los sindicatos, sino casi siempre a los agentes sociales.

En una maniobra inteligente de difuminación de clases sociales se nos ha convertido en consumidores, con mayor o menor poder adquisitivo, estando la diferencia en la cantidad de consumo; viviendo en la creencia de que si nos lo proponemos, si aumentamos nuestros ingresos trabajando más, podemos aumentar nuestro consumo, logrando así una vida más prospera. Ya no hay clases sociales, sólo consumidores adictos a las últimas novedades.

Aunque podría decirse que hay innumerables clases sociales, se asimila que hay tres realidades sociales, en cuanto a la economía, por arriba están los ricos, por abajo precarios, y en el medio, como elemento de equilibrio, está la clase media.

Pero todo esto no es más que una gran mentira, al igual que el modelo económico en el que se basa el sistema social en el que vivimos, y al que se le califica como el menos malo de todos los posibles, como si fuese una sentencia. La clase media es un mito, no hay tal cosa, no es más que un invento para desvincular a la clase trabajadora de su realidad y condición, e inducir a que nadie quiera sentirse parte de ella y se esfuerce por ascender a clase media; a escepción de los desempleados, pero sin tener conciencia de clase.

No hay ningún estudio científico sociológico que haga referencia a la clase media como una realidad social; pero se identifican con ella pequeños empresarios, funcionarios, bancarios, oficinistas, profesionales cualificados, e, incluso, obreros no precarizados.

La realidad social no es otra que dos bloques sociales enfrentados por su naturaleza opuesta en sus intereses irreconciliables. Quienes obtienen sus beneficios de las rentas del capital, con sus sirvientes, como es el caso de los políticos (todos ellos clase dominante y/o privilegiada); y quienes trabajan para poder ganarse la vida, o esperan poder hacerlo, que son clase trabajadora. 

Debido a esta dispersión identitaria se hace imposible defender los intereses de clase, todavía más cuando el mayor interés de la clase trabajadora es la erradicación de las clases sociales para alcanzar la igualdad social.

 




Juanjo Administrator
Miembro del colectivo Renta Básica Fuenlabrada