Hacia un mundo mejor por la Renta Básica

Lo que se pretende con la Renta Básica no es sino contrarrestar mínimamente lo que es un claro abuso de las élites económicas con el truco de que los mercados se regulan solos, y redistribuir la riqueza a través de una reforma fiscal, de manera que nadie quede excluido del derecho a tener una vida digna en lo material.

Evitar que quienes viven a costa de la sociedad, las clases dominantes, y que nada aportan de valor, acaben con la propia humanidad. Para ello son necesarios profundos cambios que den lugar a un nuevo sistema social igualitario, donde se produzca de acuerdo a las necesidades reales y los recursos con los que se cuenta.

Recuperar la perdida conciencia de lo colectivo, de lo común, y la responsabilidad de quienes se saben libres, partícipes en lo público y universal.

La Renta Básica es sólo un paso, pero pondrá fin a tanto sufrimiento, tantas dependencias y limitaciones económicas, abrirá tantas posibilidades esperanzadoras, que supondrá un paso decisivo y fundamental.

Libres de sumisiones para subsistir, de tener que rivalizar o competir para obtener un empleo, o mantenerlo, para lograr el derecho a existir; podremos, entonces, crecer como personas comprometidas con una ética social.

Puede que el capitalismo haya muerto, o esté a punto de caer, pero su ideología ha calado en las mentes de la clase trabajadora, especialmente en las más precarias o vulnerables; y antes de que los señores del dinero pongan en marcha una sustitución a su medida, hay que darse prisa en desaprender su doctrina.

Corren tiempos decisivos, para entrar de lleno en una distopía social, o recuperar una humanidad cooperativa y solidaria, olvidada a fuerza de egoísmo, desconfianza y miedo.

Desprendámonos de la mezquina individualidad del “quien no corre vuela” o “sálvese quien pueda”, y abracemos la conciencia colectiva, si queremos tener un futuro, no ya deseable de ser vivido, sino siquiera un futuro.   






Lo que se pretende con la Renta Básica no es sino contrarrestar mínimamente lo que es un claro abuso de las élites económicas con el truco de que los mercados se regulan solos, y redistribuir la riqueza a través de una reforma fiscal, de manera que nadie quede excluido del derecho a tener una vida digna en lo material.

Evitar que quienes viven a costa de la sociedad, las clases dominantes, y que nada aportan de valor, acaben con la propia humanidad. Para ello son necesarios profundos cambios que den lugar a un nuevo sistema social igualitario, donde se produzca de acuerdo a las necesidades reales y los recursos con los que se cuenta.

Recuperar la perdida conciencia de lo colectivo, de lo común, y la responsabilidad de quienes se saben libres, partícipes en lo público y universal.

La Renta Básica es sólo un paso, pero pondrá fin a tanto sufrimiento, tantas dependencias y limitaciones económicas, abrirá tantas posibilidades esperanzadoras, que supondrá un paso decisivo y fundamental.

Libres de sumisiones para subsistir, de tener que rivalizar o competir para obtener un empleo, o mantenerlo, para lograr el derecho a existir; podremos, entonces, crecer como personas comprometidas con una ética social.

Puede que el capitalismo haya muerto, o esté a punto de caer, pero su ideología ha calado en las mentes de la clase trabajadora, especialmente en las más precarias o vulnerables; y antes de que los señores del dinero pongan en marcha una sustitución a su medida, hay que darse prisa en desaprender su doctrina.

Corren tiempos decisivos, para entrar de lleno en una distopía social, o recuperar una humanidad cooperativa y solidaria, olvidada a fuerza de egoísmo, desconfianza y miedo.

Desprendámonos de la mezquina individualidad del “quien no corre vuela” o “sálvese quien pueda”, y abracemos la conciencia colectiva, si queremos tener un futuro, no ya deseable de ser vivido, sino siquiera un futuro.   






Lo que se pretende con la Renta Básica no es sino contrarrestar mínimamente lo que es un claro abuso de las élites económicas con el truco de que los mercados se regulan solos, y redistribuir la riqueza a través de una reforma fiscal, de manera que nadie quede excluido del derecho a tener una vida digna en lo material.

Evitar que quienes viven a costa de la sociedad, las clases dominantes, y que nada aportan de valor, acaben con la propia humanidad. Para ello son necesarios profundos cambios que den lugar a un nuevo sistema social igualitario, donde se produzca de acuerdo a las necesidades reales y los recursos con los que se cuenta.

Recuperar la perdida conciencia de lo colectivo, de lo común, y la responsabilidad de quienes se saben libres, partícipes en lo público y universal.

La Renta Básica es sólo un paso, pero pondrá fin a tanto sufrimiento, tantas dependencias y limitaciones económicas, abrirá tantas posibilidades esperanzadoras, que supondrá un paso decisivo y fundamental.

Libres de sumisiones para subsistir, de tener que rivalizar o competir para obtener un empleo, o mantenerlo, para lograr el derecho a existir; podremos, entonces, crecer como personas comprometidas con una ética social.

Puede que el capitalismo haya muerto, o esté a punto de caer, pero su ideología ha calado en las mentes de la clase trabajadora, especialmente en las más precarias o vulnerables; y antes de que los señores del dinero pongan en marcha una sustitución a su medida, hay que darse prisa en desaprender su doctrina.

Corren tiempos decisivos, para entrar de lleno en una distopía social, o recuperar una humanidad cooperativa y solidaria, olvidada a fuerza de egoísmo, desconfianza y miedo.

Desprendámonos de la mezquina individualidad del “quien no corre vuela” o “sálvese quien pueda”, y abracemos la conciencia colectiva, si queremos tener un futuro, no ya deseable de ser vivido, sino siquiera un futuro.   






Juanjo Administrator
Miembro del colectivo Renta Básica Fuenlabrada