Revolución francesa

A finales del siglo XVIII la sociedad francesa seguía bajo las relaciones feudales, pero ya estaban en desarrollo las propias del modelo capitalista. La sociedad se dividía en tres estamentos sociales cerrados, clero y nobleza gozaban de privilegios concedidos en plena Edad Media, como no pagar impuestos o tener una justicia particular; el llamado tercer estado estaba formado en su mayor parte por campesinos, también trabajadores urbanos, artesanos, pequeños tenderos y la burguesía industrial y comercial.

Traje oficial de los representantes de los tres estamentos (de izquierda a derecha, clero, nobleza y Tercer Estado) en los Estados Generales. Grabado de 1789. Imagen en Gallica. Dominio público

En 1789 Francia tenía 25 millones de habitantes aproximadamente, lo que la convertía, sin contar a Rusia, en el país más poblado de Europa continental. Era una economía eminentemente agrícola, al rededor del 80% de los franceses, más de 20 millones, eran campesinos.

La vida de los campesinos

Los nobles tenían derecho a la justicia y vigilancia de las aldeas campesinas; el monopolio de la caza, de poseer molinos para la elaboración de harina, hornos para la coción del pan, lagares para la producción del vino, la sidra o aceite; el monopolio sobre ciertos cargos de la administración de todo el reino; recaudaban impuestos, estaban exentos de las contribuciones directas, y, además, evadían el pago de otras cargas con las que, en teoría, sí debían contribuir.

La Iglesia Católica contaba con importantes privilegios, disfrutaban de un nivel de exención mayor que el de la nobleza, ya que no tenía obligación de realizar absolutamente ninguna contribución a la corona. El clero tenía la atribución de exigir a los campesinos la décima parte de la producción anual, o diezmo. Controlaba prácticamente toda la educación, y ejercía la censura; estaba a cargo de la beneficencia y llevaba el registro de los nacimientos, matrimonios y defunciones. Sin embargo existía una importante brecha entre el alto y bajo clero, la mayor parte de los recursos que se recaudaban en las aldeas iban a parar a las arcas de obispados y conventos. En 1780 hubo sacerdotes que protagonizaron una insurrección reclamando una mayor representación en los órganos de gobierno eclesiásticos.

El avance del capitalismo impuso a los artesanos de las ciudades una progresiva conversión en trabajadores asalariados, al igual que los dueños de pequeñas tiendas familiares al por menor que fueron arrollados por la propiedad capitalista, debido al empuje del libre mercado y la producción manufacturera, que se desarrollaba al margen de las reglas del gremio.

En lo más alto de la burguesía estaban los grandes comerciantes ligados al comercio colonial, incluido el tráfico de esclavos, y los financieros. Esta alta burguesía no sólo se habían enriquecido sino que también, en gran medida, se habían integrado en la aristocracia a través de la compra de títulos o de matrimonios con nobles que tenían dificultades económicas.

Los dueños de talleres manufactureros serán, en esta relación social, la burguesía dominante. En Lyon, ciudad líder en la producción manufacturera de tejidos de seda, ya en 1744 tiene lugar una insurrección de obreros. En 1786, las huelgas de estos mismos trabajadores son reprimidas por el ejército y se prohibe la formación de asociaciones.

Dentro de la burguesía había también muchos profesionales vinculados a la burocracia del aparato del estado.

Cuando Luis XVI fue coronado en 1774 quedaba ya muy poco del poder "absoluto" que le permitió a la monarquía imponer su voluntad sobre la nobleza tiempo atrás.

Luis XVI retratado por Callet, Museo del Prado, Madrid

Hacia 1787 Francia entra en crisis con la bancarrota financiera de la corona. Los grandes gastos militares que Francia mantenía apoyando a los EE.UU en su lucha por la independencia, con la intención de debilitar al Imperio Británico; el pago de la deuda (con sus intereses), que se había triplicado en el reinado de Luis XVI; suponían graves problemas financieros que llevaron a la economía a la quiebra. Diferentes ministros (Turgot, Necker, Calonne, Brienne) intentaron poner en marcha una reforma del sistema fiscal, para tratar de hacer pagar impuestos a los nobles; pero éstos se negaron e hicieron fracasar los distintos intentos de reformas. Esto llevaba al Estado francés a tener que subir los impuestos al tercer estado o crear otros nuevos sobre el comercio, perjudicando a la burguesía, trabajadores de las ciudades y a los campesinos, que ya llevaban varios años de malas cosechas y soportaban una terrible situación de pobreza y hambruna.

La miseria en la vida rural francesa

Al final el Parlamento de París, que se había declarado incompetente para tratar estas cuestiones, pidió la convocatoria de los Estados Generales, arguyendo que eran los únicos que podían aprobar una reforma de esta dimensión. El ministro Brienne y el rey no querían, pues pensaban que al llevarlo a esa instancia, el poder real se debilitaría; sin embargo presionado por la nobleza y la situación crítica de la economía en la que se encontraban, finalmente, el rey cedió y convocó los Estados Generales.

Los Estados Generales eran una institución feudal que sólo se reunía convocados por el rey. Allí estaban representados los tres estados, o estamentos sociales, el  clero, la nobleza y el tercer estado, en el que estaban todos los grupos sociales que no correspondían a los anteriores; no constituían una clase social en sí, por el contrario, estaba formado por distintas clases sociales, y aunque sus intereses no eran homogéneos, el odio a una aristocracia parásita unía a la mayor parte de quienes formaban parte de él.

La desigualdad social se había agudizado, y, debido a la grave crisis que soportaban, una gran parte de los obreros de manufacturas fueron despedidos. La desesperación en los hogares de los proletarios y campesinos iba en aumento, al tiempo que la nobleza vivía en la extrema riqueza y despilfarro, aislada de la realidad del pueblo.

Un pueblo que se fue organizando por barrios y comunas. Entre 1789 y 1792 las 36.000 comunas se convirtieron en nuevos poderes políticos democráticos, asamblearios y locales.

El rey era consciente de su necesidad de contar con el apoyo del tercer estado para frenar la ofensiva de la nobleza y conseguir reducir la carga de la deuda.

Estados Generales de Francia

El 5 de mayo de 1789, en Versalles, se reunieron los Estados Generales, algo que no ocurría desde 1614, es decir más de 150 años. El primer problema que se planteó fue el del voto. Los representantes del tercer estado propusieron realizar el voto por cabeza porque consideraban que representaban a la gran mayoría de Francia y no podían quedar reducidos a un único voto; pero el clero y la nobleza se negaban a votar de forma individual, exigiendo hacerlo por estamentos, que era la manera tradicional y lo que les beneficiaba.

Durante las reuniones de los Estados Generales surgió el primer club político, el club Bretón, que se formó debido a la costumbre que adquirieron los diputados del tercer estado de Bretaña de reunirse por las tardes en el café Amaury de Versalles, con el propósito de analizar los asuntos que se habían tratado o se iban a tratar en la asamblea y consensuar con anticipación sus intervenciones. Estas reuniones eran secretas, pues las reuniones políticas estaban prohibidas. Este club dio lugar, más adelante, al club de los jacobinos.

Ni el clero ni la nobleza conformaban bloques del todo homogéneos, ya que había un buen número de pequeños nobles campesinos (hobereaux), que compartían pocos intereses con la nobleza cercana a la Corte; y, entre el clero, había curas (bas-clergé) que estaban más próximos al pueblo llano que a sus superiores eclesiásticos. Así, el tercer estado invitó a miembros del clero y la nobleza a que se les unieran, consiguiendo que dos nobles y 149 miembros del clero lo hicieran. Se produjo, con esto, toda una revolución de carácter jurídico al desmantelarse los estamentos tradicionales del reino. A propuesta del sacerdote Sieyès se le dio el nombre de Asamblea Nacional, como representación que era de todo el pueblo francés, el 17 de junio de 1789. Ante esta situación, que se salía de lo previsto, el rey decidió cerrar las sesiones.

El juramento del juego de pelota, de Jacques-Louis David (1791) / Getty Images

El 20 de junio se encontraron las puertas de la sala de reuniones cerradas y custodiadas por soldados, y, a propuesta del doctor Guillotin, los integrantes del acuerdo se fueron a un frontón donde se proclamaron como los únicos representantes del pueblo y se comprometieron a no separarse hasta elaborar una Constitución, realizando el famoso Juramento del Juego de Pelota.

Al mismo tiempo se estaban produciendo revueltas de campesinos, y en París se producían motines ante la falta de pan y por el miedo a que las tropas disolvieran la Asamblea Nacional.

Como a la Asamblea Nacional se había unido la mayoría del clero y algunos miembros de la nobleza, el rey terminó cediendo y solicitó a los diputados que no se habían unido que se uniesen a la Asamblea Nacional, con lo que los Estados Generales dejaron de existir.

El 9 de julio de 1789 la Asamblea Nacional se convierte en Asamblea Nacional Constituyente, y se promete redactar una nueva constitución. Con esto se negaba la autoridad absoluta del monarca y los privilegios de la sociedad estamental.

El Club Bretón cambia su nombre por el de Sociedad de los Amigos de la Constitución. En octubre se instalarán en el Convento de los Jacobinos, y, a partir de ese momento, se les conocerá como los jacobinos.

Luis XVI concentró cerca de 30.000 soldados en los alrededores de París con la intención de intimidar a los rebeldes que estaban llevando los cambios demasiado lejos, pero entre la población salta la alarma y se desatan las revueltas del campesinado y los trabajadores de las ciudades, que se extendieron por todas las provincias.

La noche del 11 al domingo 12 el pueblo de París asaltó 40 de las 54 oficinas que cobraban impuestos al consumo, que rodeaban a la capital.

La Asamblea no tomó ninguna  iniciativa y se mantuvo expectante. Fueron las masas de París las que, sin esperar que la Asamblea encabezara la lucha, se lanzaron a la acción directa.

Las calles de París se llenaron de barricadas y trincheras. Quienes no tenían armas subían adoquines a los pisos altos de los edificios para atacar con ellos a las tropas reales. El pueblo se reunió en la Plaza de la Grève, frente al ayuntamiento y al Hôtel de la Ville, y nombró un comité compuesto por oficiales municipales y por los electores de los diputados de la ciudad. El gobierno municipal formado para conducir la insurrección recibió el nombre de Comuna de París. Este comité decidió la formación de una milicia que hostigó a las tropas reales concentradas, especialmente en los Campos de Marte, logrando que los soldados franceses se separasen de los mercenarios suizos, uniéndose, en gran medida, al pueblo sublevado.

El pueblo armado hace guardia en París en la noche del 12 al 13 de julio de 1789. Grabado de 1802

El 13 de julio el ayuntamiento, o Comuna de París, constituye la Guardia Nacional, compuesta por 48.000 voluntarios, entre obreros, campesinos, artesanos y pequeños burgueses, bajo la dirección de Lafayette, que tenía el prestigio de haber luchado en la Guerra de Independencia de los Estados Unidos. Para armar a la Guardia Nacional se asaltaron depósitos de armas y municiones.

La Comuna de París y su Guardia Nacional se atrincheró a la espera del ejército, la población armada con lo que tenía más a mano, principalmente con las herramientas de trabajo. El monárquico mariscal Broglie, con tropas del ejército, trató de disolver la Asamblea Nacional Constituyente, pero no lo logró. La Comuna de París y su Guardia Nacional se puso bajo la autoridad de la Asamblea Nacional Constituyente.

Revuelta en la Revolución Francesa

En este clima de agitación, la escasez de alimentos y la subida del precio del pan, que alcanzó valores sin precedentes, y ante la amenaza del complot monárquico, en la mañana del 14 de julio de 1789, una comisión se presentó ante el arsenal de los inválidos para exigir fusiles. Ante la falta de respuesta el arsenal fue saqueado por los revolucionarios, haciéndose con 28.000 fusiles y 20 cañones. Al rededor de las 13 horas, unos cinco mil hombres y mujeres armados, junto con guardias franceses que se habían pasado a sus filas se dirigieron a la Bastilla y lograron tomarla por la fuerza, apropiándose de gran cantidad de armas y munición que se almacenaban allí. La Bastilla era una fortaleza en la que se encarcelaba a los opositores del rey, aunque había quedado ya obsoleta y tan sólo había, en esos momentos, siete presos que fueron puestos en libertad, cuatro falsificadores, dos enfermos mentales y un noble acusado de incesto. Se consideró un símbolo de la lucha contra la opresión del absolutismo.

Acuarela pintada por Jean-Pierre Houël en el año 1789. Foto: WikiCommons

Gran parte de la nobleza empieza a abandonar Francia, para, desde fuera, organizar la contrarrevolución.

El 15 de julio el rey anunció ante la Asamblea la retirada de las tropas de París.

La noticia de la toma de la Bastilla se difundió por las provincias, donde se formaron nuevos gobiernos municipales en los que fueron expulsados los representantes del rey.

El 20 de julio estalla en todo el país una revuelta de campesinos, conocida como el "Gran Miedo", en las que llegaron a asaltar los castillos de los nobles, quemando sus archivos para hacer desaparecer los documentos en los que constan los derechos feudales de los nobles.

El Gran Miedo

La radicalización del campo obligó a considerar las peticiones que los campesinos habían registrado en los Estados Generales y que habían sido dejadas de lado en las discusiones de la Asamblea, donde de lo que se hablaba era de si se reconocería el derecho a la propiedad surgido de los privilegios feudales o no. La burguesía luchaba contra la propiedad feudal, pero consagraba la propiedad privada como un derecho inviolable. 

El 4 de agosto de 1789 los diputados de la nobleza, queriendo calmar las cosas, aceptaban la abolición total de privilegios y derechos feudales, suprimiendo también el diezmo eclesiástico; pero en la Asamblea Constituyente se rebajaron estas decisiones, suprimiéndose sólo los derechos del "feudalismo dominante", que eran los honoríficos, mientras que los del "feudalismo contratante", que eran los derivados de un contrato entre el señor y sus vasallos, como el impuesto al trigo, se mantuvieron; aunque el rey no firmó estos decretos.

Estampa de los 17 artículos de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789, (Museo de la Revolución francesa)

El 26 de agosto de 1789 se vota la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano.

El 4 y 5 de octubre de 1789 las mujeres de los mercados de París, armadas con cuchillos y picas, iniciaron una marcha hacia el palacio de Versalles, donde se encontraba instalada la familia real; desesperadas por el hambre y la escasez del pan, para reclamarle al rey la regulación de los precios. Llegaron a juntarse más de 6.000 mujeres.

Mujeres armadas encabezan la marcha sobre Versalles / Getty Images

Por el camino consiguieron cañones y se les unieron revolucionarios y miembros de la Guardia Nacional, sumando a más de 10.000 personas. Lafayette, temeroso de que la iniciativa se desbordara se puso a la cabeza del grupo para tratar de atemperar los ánimos. La multitud sitió el palacio, y consiguen que un grupo de mujeres entre en palacio para hablar con el rey. Luis XVI les promete que tendrán pan y les ofrece sus carrozas para regresar a París. Pero la multitud de mujeres que permanecen en el exterior no le creen y exigen que la familia real se traslade a la capital como garantía de su promesa, y que sancionase los decretos de la Asamblea. Bien entrada la madrugada, y después de un sangriento enfrentamiento con los guardias consiguen entrar en palacio. Las mujeres tratan de entrar en las habitaciones de la reina, que consigue huir a los aposentos del rey. Cuando Lafayette y los guardias nacionales lograron controlar la situación, los monarcas comparecen en el balcón del palacio y ceden ante el pueblo. Luis XVI firma los decretos de abolición de los derechos feudales y la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, que hasta entonces se había negado a hacerlo. La familia real es conducida en una carroza a París, entre una multitud de casi 60.000 personas y acompañada por las cabezas de los guardias clavadas en picas, para ser alojada en el Palacio de las Tullerías.

El 2 de noviembre la Asamblea Constituyente decretó la nacionalización de los bienes del clero, para financiar la bancarrota del Estado, poniéndose las tierras de la corona y de la Iglesia como garantía para la emisión de los "asignados", billetes de deuda pública que se convirtieron en la moneda de la revolución.

El 27 de abril de 1790 se funda el club conocido como los cordeleros, en un antiguo convento franciscano, que sujetaban sus hábitos con una cuerda, de donde viene su nombre; aunque ellos se hacían llamar Sociedad de Amigos de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Eran una agrupación política más radical que la de los jacobinos, pedían el fin de la monarquía y el sufragio universal, y representaban al pueblo más humilde, los sans-culottes (clases populares parisinas que tenían este nombre porque no usaban culottes, o pantalón corto, propio de las clases acomodadas, sino pantalón largo).

Hacia mediados de 1790 se lanzaron al mercado una gran cantidad de tierras, bosques y edificios. Esta medida condujo a una gran transferencia de propiedad que favoreció a la burguesía, quienes podían económicamente presentarse como compradores en el naciente mercado de tierras. También la nobleza laica aprovechó para acrecentar su patrimonio.

El 12 de julio de 1790 se aprobó la Constitución Civil del Clero, reforma administrativa que alteraba en profundidad la estructura de la Iglesia, que quedaba bajo la autoridad del estado francés, prohiviéndose la intervención de potencias extranjeras en todo lo que excediera la materia exclusivamente religiosa, en clara alusión de la Roma papal.

En diciembre de 1790 la Asamblea exigió a los diputados del clero que juraran lealtad a la Constitución, poco después se le exigió a todos los curas y obispos. La casi totalidad de los obispos de Francia y de la mitad del bajo clero se negaron a hacerlo, teniendo el apoyo del Papa, que a comienzos del año siguiente, condenó la Constitución Civil del Clero.  El clero quedó dividido en "juramentados" y "refractarios".

Grabado de la Fuga de Varennes.

La noche del 20 de junio de 1791 la familia real salió del palacio de las Tullerías huyendo del país para dirigirse a Austria, y unirse a los ejércitos austríacos con la intención de invadir Francia y restablecer el absolutismo. A la mañana siguiente al descubrirse el documento que había dejado el rey quejándose del trato recibido y las medidas que se habían tomado, las autoridades ordenaron el arresto de cualquier persona que intentara abandonar el reino.

Detención de Luis XVI y su familia en Varennes

Esa misma noche fue retenida en el municipio de Verennes-en-Argonne, donde, comprobada la identidad de la familia real, fue llevada de regreso a París, custodiada por seis mil ciudadanos armados y guardias nacionales. El 25 de junio entraron en París, habiendo empleado tres días en recorrer el camino de vuelta, cuando en su frenética huida tardaron apenas veinte horas.

Los enfrentamientos en la Asamblea Constituyente entre girondinos, más el pantano, por un lado, y los jacobinos y los cordeleros, por el otro lado, que ya eran habituales, se intensificaron más aún. Los girondinos, representantes de la alta burguesía, se oponían a la abolición del régimen monárquico, que ahora era repudiado por la gran mayoría de la población. Los miembros del pantano, como burgueses propietarios que eran tenían una clara cercanía con los girondinos. Los jacobinos se dividieron, y una parte, liderada por Robespierre, pedía la deposición del rey y el establecimiento de la república, esta parte estaba aliada con los cordeleros; y la otra, que formó el grupo de los feuillants o fundense, preferían, ante la amenaza de la guerra con las monarquías extranjeras, detener la revolución y buscar compromisos con las élites del antiguo régimen para lograr mantener la monarquía constitucional, se aliaron con los girondinos y el pantano. Estos cambios internos dieron lugar a la consolidación de Maximillien Robespierre dentro del Club.

La Asamblea se declaró en sesión permanente, ante la posible reacción de las monarquías extranjeras, y movilizó a todos los guardias nacionales. Se produjeron nuevos estallidos populares y quema de palacios.

Ante la situación no resolutiva de la Asamblea respecto al monarca, los sans-culottes pasaron a la acción y redactaron una petición exigiendo el destronamiento del rey, que fue firmada por seis mil ciudadanos. La burguesía y la aristocracia vieron inmediatamente el peligro que implicaba la organización de las masas de forma independiente, para sus intereses, y la Asamblea se dispuso a defender el orden, el Ayuntamiento de París proclamó la Ley Marcial.

Laffayete en el Campo de Marte, ordena disparar al pueblo, por Ary Scheffer (1807).

Los cordeleros convocaron una gran manifestación en el Campo de Marte el 17 de julio de 1791, para pedir la deposición y enjuiciamiento del rey. La guardia Nacional dirigida por Lafayette, aliado de los girondinos, a la orden de Bailly, alcalde de París, los reprimió duramente causando 50 muertos. Hubo más de 200 manifestantes detenidos. A la masacre del Campo de Marte le siguió, en los días siguientes, una represión sistemática que tenía como propósito descabezar a la fuerza popular, lo que obligó a los dirigentes de los cordeleros, entre ellos Danton, a pasar a la clandestinidad.

En agosto de 1791 Austria y Prusia, estados monárquicos absolutistas, pactaron una intervención militar en ayuda del rey francés.

El 3 de septiembre de 1791 la Asamblea Nacional Constituyente se trasladó a París y proclamó la primera constitución de la historia de Francia, quedando constituida como monarquía parlamentaria. Se incorporó como preámbulo la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano, que ya había sido aprobada en agosto de 1789.

El 30 de septiembre la Asamblea Nacional cesa en sus funciones y es reemplazada por la Asamblea Legislativa. Las elecciones por sufragio censitario le dio el control de la Asamblea Legislativa a los miembros del Club de los Girondinos, que representaban a la alta burguesía y defendían la monarquía constitucional, apoyados por los feuillants y el pantano.

La Constitución establecía una Monarquía constitucional como forma de gobierno, y se reconocía la división de poderes. El legislativo residía en una Asamblea Nacional Legislativa permanente, con grandes poderes en materia fiscal y de elaboración de leyes. El ejecutivo recaería en el rey, auxiliado por un gobierno con ministros que podía elegir. Pero el rey no podía convocar ni disolver la Asamblea. El poder judicial sería independiente. En cuestión electoral se optó por un sufragio limitado a los propietarios, no pudiendo votar las clases humildes, ni las mujeres.

Las antiguas provincias desaparecieron y fueron reemplazadas por 83 departamentos, tratando de que todos tuviesen una extensión de territorio similar. Los departamentos, a su vez, se subdividían en municipios o comunas, y estos se dividían en secciones.

Se abolieron privilegios feudales, los títulos nobiliarios fueron abolidos, las ordenes de caballería fueron disueltas, se prohibieron todos los signos exteriores que expusieran diferencias de nacimientos, los franceses serían iguales ante la ley; se estableció el libre mercado interior y de la libre industria, la libre contratación, la disolución de los gremios y la prohibición de los sindicatos y de las huelgas. Se mantuvo el proteccionismo de los productos franceses y la esclavitud en las colonias.

Los girondinos habían llevado demasiado lejos las reformas por la presión del pueblo y el devenir de los acontecimientos; pero no tenían intención de ir en contra de la monarquía, ni de la nobleza, tan sólo querían que les dejasen estar entre ellos, con similares privilegios.

Con la Constitución Civil del Clero, que dejó a la Iglesia Católica desposeída de gran parte de sus ingresos y tierras, pasando a ser bienes nacionales y poniéndose en subasta, y que convirtió al clero en un cuerpo de funcionarios pagados por el estado francés, al que debían jurar obediencia, muchos católicos se hicieron, a partir de ahí, contrarrevolucionarios, y, al tiempo, entre muchos revolucionarios cundió el anticlericalismo. Siguió el chorreo de nobles y eclesiásticos que huían, debido, ahora, al establecimiento de este tipo de reformas.

Quienes pretendían desarrollar el comercio, la industria y la agricultura sobre las bases capitalistas no tenían ningún interés en que las masas populares tuviesen acceso a participación alguna de las tierras puestas en subastas, para conseguirlo se estableció la división entre ciudadanos "activos" y "pasivos". El criterio para diferenciarlos era la situación económica. Se tomaba en cuenta la renta anual que percibían, cuyo índice era el pago de impuestos indirectos equivalentes a tres jornales y tener fijado un domicilio. Los ciudadanos activos eran quienes tenían derecho a voto y a ocupar cargos en la administración. La mayor parte de los clubes no admitían a ciudadanos "pasivos", y lo mismo ocurría en el ejército y en la Guardia Nacional.

El 1 de octubre comenzó a funcionar la Asamblea Legislativa. La Constituyente había establecido que sus integrantes no pudieran ser reelegidos para la nueva asamblea, promoviendo un importante recambio de figuras.

El debate sobre la Guerra

El 20 de abril de 1792 Francia declaró la guerra a Austria y Prusia, ante la amenaza de que los franceses que huyeron de la revolución estuviesen organizando la contrarrevolución.

El primer interesado en la guerra era el propio rey Luis XVI, porque veía la oportunidad de restituir la monarquía absoluta en Francia, pensando que el ejército Prusiano no tendría demasiados problemas en hacerse con la victoria, puesto que las tropas francesas estaban dirigidas por una oficialidad de origen noble, interesados en restablecer el antiguo régimen.

Los girondinos defendían que la guerra ayudaría a ganar cohesión interna ante una amenaza exterior, ya que se estaba polarizando cada vez más; aunque, ciertamente, también veían una clara oportunidad de negocio con el abastecimiento de las tropas. Los jacobinos, por contra, pensaban que era mejor estabilizar la revolución antes que nada, porque una guerra exterior impediría adoptar medidas internas claramente revolucionarias, o medidas para desarticular a la contrarrevolución como armar al pueblo; y, además, veían la dificultad de ganar la guerra, lo que suponía una amenaza de volver al viejo régimen. Sin embargo estas posiciones eran defendidas por una minoría.

En el comienzo de los enfrentamientos las tropas francesas se desbandaron ante los ejércitos de Austria y Prusia, poniendo a la Revolución bajo una seria amenaza. La reina conspiraba con las potencias extranjeras, y en el sur de Francia tenían lugar brotes contrarrevolucionarios, uno de los más importantes en la ciudad de Arles.

La Asamblea Legislativa tomaba medidas contra las fuerzas contrarrevolucionarias internas, principalmente contra el alto clero, pero el rey Luis XVI, en su condición de monarca constitucional y jefe del ejecutivo, vetaba las medidas.

El valor del papel moneda del "asignado" cayó en picado y se produjo nuevamente la escasez de ciertos alimentos. Frente a esta situación crítica, miles de trabajadores rurales y campesinos de los alrededores de París tomaron tiendas de la ciudad e impusieron nuevos precios más acordes con sus ingresos. Las secciones de la capital exigieron a la Asamblea medidas más fuertes contra el acaparamiento.

Caricatura de Luis XVI con el gorro frigio y bebiendo a la salud de la nación (1792).

El 20 de junio, pequeños tenderos y artesanos de los barrios más populares y radicales de París, se dirigieron armados hasta el Palacio de las Tullerías, donde faltó poco para que lincharan a la familia real. El monarca logró evitarlo aceptando ponerse el gorro frigio, creado por los girondinos, y bebió a la salud de la nación.

El ejército austriaco invadió Francia llegando a estar a menos de 300 kilómetros de París, lo que provocó el pánico entre los franceses y desató la ira popular.

Al peligrar la revolución, el pueblo reaccionó movilizándose espontáneamente, organizando batallones en aldeas y ciudades con mandos populares, a los que, después, se les sumó los restos del antiguo ejército. Luego la Asamblea Legislativa decretó la movilización general de todos los ciudadanos aptos para cargar armas. Surgió, entonces, un ejército revolucionario patriota.

El 11 de julio de 1792 se declaró a la patria en peligro. La Asamblea ordenó reunir 20 mil guardias cerca de la capital, haciendo caso omiso del veto suspensivo del rey, debido a la situación de excepción.

Cada vez eran más los que exigían que se pusiera fin al compromiso con el monarca y se le destronara.

Los girondinos, al igual que los feuillants, abrieron negociaciones con el rey para que les restituyera sus ministerios y llamaron al pueblo a la calma. La amenaza exterior, argumentaban, exigía que se dejase a un lado cualquier tipo de cambio de gobierno o de constitución en el plano interno; cumpliéndose lo que avisaron los jacobinos, que la guerra se convertiría en un freno para consolidar la revolución y en una excusa para no acabar con quienes la amenazaban desde el interior.

Los sans-culottes ya tenían una importante organización, las asambleas de las secciones más radicales se reunían todas las tardes, terminado el horario laboral.

Toma de las Tullerías el 10 de agosto de 1792, por Jean Duplessis-Bertaux (1793, Museo del castillo de Versalles).

El ánimo revolucionario de las masas iba exacerbándose cada vez más, y el 10 de agosto de 1792, por la mañana, las fuerzas insurgentes marcharon hacia el palacio de las Tullerías. Ya dentro de uno de los patios, y tras mantener una discusión, los guardias del rey dispararon sobre la multitud. El combate fue sangriento, pero a pesar de las numerosas bajas, de ambos lados, el pueblo se impuso. En las primeras horas de la tarde tuvieron bajo control el Palacio. El rey y la reina consiguen escapar y se refugian en la Asamblea Legislativa, pero son detenidos. El rey fue suspendido de sus funciones constitucionales y la familia real fue recluida en el Temple.

Se decidió la deportación de los curas refractarios; los registros de nacimientos, matrimonios y defunciones dejaron de estar bajo control de la Iglesia, para pasar a ser registros civiles laicos, y se legalizó el divorcio.

Los sans-culottes que tenían bajo su mando a la Comuna de París exigían un avance aún más claro. No bastaba con suspender al rey en sus funciones, había que destronarlo y juzgarlo, tanto a él como a todos los realistas.

La Asamblea se convirtió en un comité de guerra ante la amenaza que constituía el ejército prusiano en territorio francés. Todos los ciudadanos debían movilizarse para salvar la patria, quienes tuvieran armas debían ir al frente, y quienes quedaran en la retaguardia debían armarse con picas y cavar trincheras.

Cuando circuló el rumor de que los presos políticos aprovecharían el reclutamiento voluntario para dar un contragolpe y entregar París al enemigo, los sans-culottes entraron en las cárceles e improvisaron tribunales revolucionarios y ejecutaron a cientos de ellos, entre mil cien y mil cuatrocientos presos ajusticiados.

Batalla de Valmy

El 20 de septiembre de 1792 el ejército revolucionario francés (constituido por voluntarios y llamados a filas, campesinos y ciudadanos mal equipados) obtuvo su primera victoria sobre el ejército prusiano en la batalla de Valmy, al norte de Francia.

Se convocan elecciones por sufragio universal masculino para elegir un nuevo parlamento, y se constituye la Convención Nacional el 21 de septiembre de 1792, que estuvo dominada por los girondinos hasta 1793; éstos se sentaban a la derecha del presidente de la Asamblea y los jacobinos a la izquierda, en la parte alta, compartiendo espacio con los cordeleros, motivo por el cual al conjunto de estos dos grupos se les llamó "la montaña"; en la zona central baja se situaban los miembros del pantano, o también conocidos como la llanura, que eran un conjunto de diputados que según las circunstancias apoyaron a los girondinos o a la montaña, sin embargo, tenían una clara cercanía con los girondinos en la defensa de una economía sin regulación. Esta distribución de los diputados y los intereses que defendían es el origen de los partidos de izquierdas y derechas de la actualidad. 

El enfrentamiento entre los girondinos y los jacobinos y cordeleros llegó a un punto extremo, donde lo que ya estaba en juego era la revolución o la contrarrevolución. Los girondinos seguían apoyando la monarquía y los jacobinos acusaban a ésta de traicionar al país, mostrando pruebas de su colaboración con ejércitos extranjeros para poner fin a la revolución, y pedían la pena de muerte.

De las 48 cabeceras comunales de París 47 votaron por la deposición del rey. Aunque dentro de la Convención, los girondinos, seguían siendo fuertes y lograron que se declarase ilegal la Comuna Revolucionaria de París, lo que les costó una mayor pérdida de apoyo entre los sans-colottes.

El 22 de septiembre de 1792 se proclamó la República. Se aprobó en la Convención Nacional la abolición de la monarquía.

En noviembre de 1792 se descubrió en un armario secreto del palacio de las Tullerías la correspondencia de los soberanos con el enemigo, quedando evidente la culpabilidad de Luis XVI. Los girondinos, que habían estado impidiendo el proceso apoyándose en la inviolabilidad real reconocida en la Constitución de 1791, se vieron forzados a ceder.

Detención de Luis XVI. Creator:H. de la Charlerie - www.1st-art-gallery.com

El 11 de diciembre se inició el proceso, con la lectura de acusación preparada por Lin-det.

El 14 de enero de 1793 el rey fue hallado culpable, por unanimidad, y se le condenó a muerte, y el 21 de enero de ese año Luis XVI, convertido en el ciudadano Luis Capeto, fue ejecutado en la guillotina; lo que provocó una reacción en las monarquías europeas, y en febrero de 1793, Inglaterra, España y Holanda se unieron a Austria y Prusia en la primera guerra de coalición (1792-1796) contra la Francia revolucionaria.

El 16 de octubre es ajusticiada la esposa del rey, María Antonieta.

Durante el primer cuatrimestre de 1793 creció la inflación, especialmente de los precios de la leña, el jabón, el azúcar y las velas. Los sans-culottes proponían establecer precios máximos en todo el país, decretar el curso forzoso del asignado (medida que perjudicaría a los ricos que podían acceder al oro y a la plata), y aplicar la pena máxima a los acaparadores y contrarrevolucionarios. Para lograr esto veían necesario purgar a la Convención de los conservadores, los girondinos.

Quien dio a estas exigencias forma de medidas programáticas fue el excura revolucionario Jacques Roux, y a sus seguidores pronto se les conoció como los "enragés" o furiosos.

Durante enero y febrero de 1793 se movilizaron para reclamarle a la Convención que adoptara medidas para resolver políticamente el problema económico. En la Convención, por un lado, no querían que la iniciativa popular la sobrepasara, y, por otro lado, no estaban dispuestos ceder, pues, tanto los girondinos como la mayor parte de los montañeses, compartían la concepción económica del liberalismo.

El 24 de febrero una comitiva formada por mujeres de los sans-culottes fue a la Convención a presionar para tratar de conseguir las medidas necesarias, recordándoles a los diputados lo difícil que les resultaría lograr el nuevo reclutamiento de soldados, y les lanzaron un ultimátum para que la Asamblea respondiera en el día; pero la respuesta consintió en evasivas.

Al día siguiente y hasta el 26 de febrero, los sans-culotte de París se lanzaron a la acción, e invadieron las tiendas y fijaron los precios. Los guardias nacionales, que muchos de ellos eran del mismo estrato social que los saqueadores, dilataron su intervención.

Los hechos recibieron la condena de la Convención. Robespierre criticó a los ciudadanos que generaron motines; sin embargo, la condena no llegó muy lejos, porque la Convención necesitaba del favor del movimiento popular.

La Comuna de París continuó presentando peticiones y propuestas ante la Asamblea para solucionar o paliar el problema de la subsistencia. Fue necesario que la contrarrevolución se hiciese más peligrosa para que la Convención, e incluso los jacobinos, asumieran como propias las demandas de los sans-culottes.

La Vendée

En la primavera de 1793 los campesinos de la región de la Vendée, profundamente católicos y alentados por los curas, se levantaron contra el gobierno revolucionario, liderados por sus señores. Defendían el antiguo régimen, bajo el grito "¡por Dios y por el rey!".

Los vandeanos no dudaron en emplear todos los medios violentos a su alcance para restaurar el viejo orden. La tortura y las represalias colectivas acompañaron a los saqueos y los incendios. La alianza entre los campesinos parcelarios de la Vendée, los curas y los nobles recibió el apoyo de Inglaterra, la primera potencia mundial de la época. Hacia mayo de 1793 los ejércitos vandeanos lanzaron una ofensiva hacia el este y hacia el sur que pusieron en serio peligro la revolución y la independencia nacional.

Una guerra civil que duró tres años, y se le puso fin con la derrota de los ejércitos contrarrevolucionarios.

A comienzos de abril, el Club de los Jacobinos, a propuesta de Marat, hizo un llamamiento a todos los departamentos para que repudiaran a sus diputados girondinos. Este documento tuvo respuesta por parte de los girondinos con una ofensiva dentro de la Convención. Los diputados girondinos lograron que Marat, "el amigo del pueblo", fuera procesado por el tribunal revolucionario. Sin embargo, contrariamente a lo que esperaban, el tribunal lo absolvió, y, al salir del juicio, fue recibido por una multitud con vivas.

En la mañana del 31 de mayo el movimiento insurreccional se puso en marcha. Los diputados más moderados iniciaron negociaciones para evitar que esta insurrección se impusiera al poder constituido en la Convención; pero se había llegado a un punto en el que esto ya no era factible.

Jacobinos y cordeleros, apoyados por la Comuna de París, un grupo de batallones de la Guardia Nacional y los sans-culottes armados, con los enragés a la cabeza expulsaron de la Asamblea Constituyente a los girondinos, arrestaron a sus principales dirigentes acusándoles de traición a la revolución y de ser aliados de la monarquía contra la unidad de la república. Fueron juzgados por el Tribunal Revolucionario, sentenciados a muerte y llevados a la guillotina.

El 2 de junio de 1793 se estableció el gobierno revolucionario de los jacobinos. En el poco tiempo que duró este gobierno se puso fin a la contrarrevolución económica burguesa. Ya desde el 3 de junio se democratizó la venta de tierras confiscadas, se garantizó el acceso a la tierra al campesinado pobre, se rebajó de forma significativa la renta de la parcela, con créditos de diez años para los pagos, se declaró obligatorio el reparto de las tierras comunales entre sus componentes, se abolió la indemnización a la nobleza por haberles confiscado sus bienes, los documentos de los derechos feudales fueron confiscados y quemados en plaza pública. Se intervinieron las propiedades de la gran burguesía, y se declaró delito común el acaparamiento con fines especulativos. Se crearon "depósitos de abundancia" en cada distrito para que los ciudadanos pudiesen aportar sus impuestos en especie, se realizó un censo de las reservas de trigo y los excedentes al autoconsumo debían ser confiscados.

La nueva constitución, que fue aprobada el 24 de junio de 1793

La nueva constitución, que fue aprobada el 24 de junio de 1793, y ratificada a principios de agosto en referendo popular, por una aplastante mayoría. Aunque nunca fue puesta en práctica plenamente, sentó las bases, por vez primera, de la democracia (burguesa). Establecía una República con soberanía popular y sufragio universal masculino. Se reconocía el derecho al trabajo, a la asistencia, la educación, exigiendo del gobierno la garantía de un "derecho a la subsistencia", y el derecho a la insurrección. Se abolió la esclavitud en las colonias y se aceptó el referendo como consulta popular para dar legitimidad a las leyes principales, empezando por la propia constitución. En lo económico se fijó que el precio del pan quedaría regulado por ley, y que se establecerían precios máximos para los alimentos básicos, quedaron anuladas las deudas contraídas por los campesinos con la nobleza...

El nuevo orden republicano se vio amenazado por los ejércitos invasores de las potencias europeas que pretendían reinstaurar la monarquía en Francia, debiéndose defender del ataque de prusianos, austriacos, ingleses, españoles, piamonteses y corsos. En octubre las fuerzas de la coalición llegaron a ocupar Alsacia. La contrarrevolución de la región de la Vendée iniciaron una nueva ofensiva, aunque fueron derrotados en la batalla de Nantes, pero habían logrado el control de varias ciudades e infligir duras derrotas a los ejércitos republicanos. Había profundas divisiones entre las filas revolucionarias, incluso dentro de la facción jacobina. Todo ello potenció una radicalización de la Convención, instaurándose un Comité de Salvación Pública, con el fin de erradicar a todos los conspiradores antirrevolucionarios del territorio nacional. Los jacobinos, y también muchos cordeleros y enragés (aun no estando en el gobierno), defendían que una verdadera revolución no puede hacerse a medias.

La guillotina, símbolo de la Revolución Francesa

En el Manifiesto de los Enragés, pronunciado el 25 de junio de 1793 ante la Convención, su líder saludaba la expulsión de los girondinos, las medidas contra los sospechosos, pero señalaba que la especulación y el acaparamiento eran también armas en manos de la contrarrevolución que había que afrontar como graves amenazas.

Entre los jacobinos, como fuerza política a nivel nacional, no había unidad ideológica política, no tenían una línea política única. Los enfrentamientos entre jacobinos y cordeleros, entre cordeleros y cordeleros, y jacobinos contra jacobinos, supuso el principio del fin de la revolución popular. Estando divididos, aislados y debilitados, los girondinos aprovecharon la ocasión y se aliaron con el pantano y sectores de la montaña descontentos.

La muerte de Marat, Jacques-Louis David, 1793

El 13 de julio de 1793 muere asesinado Jean-Paul de Marat, representante de la izquierda revolucionaria, del lado de los cordeleros; apuñalado por Charltte Corday, partidaria de la facción de los girondinos. Para el pueblo humilde fue un héroe y mártir de la Revolución Francesa, para los aristócratas y burgueses, un extremista sanguinario.

Pocos días después del asesinato de Marat, los británicos declaraban que el comercio de grano con Francia sería considerado como contrabando. Salió a la luz un plan de sabotaje económico contra Francia organizado por Inglaterra, y cuando varios campos y fábricas fueron incendiados no quedaron dudas de que la contrarrevolución había puesto en marcha su ataque.

Para agravar la situación, la inflación y la desvalorización del asignado se aceleraban otra vez, aumentando el odio del pueblo en contra de los acaparadores, los monopolistas y especuladores.

El 4 de septiembre los sans-culottes junto a pequeños comerciantes y propietarios se concentraron en la Plaza de la Gréve para exigir pan. Jacques Hébert y Chaumette, integrantes de la Comuna y conocidos por sus posiciones radicales, propusieron a los manifestantes reunirse al día siguiente para marchar a la Convención.

El 5 de septiembre la manifestación encabezada por Chaumette se dirigió hacia la Convención para exigir la creación de un ejército revolucionario y la implantación de la pena capital contra los que minan la economía de la revolución.

El 11 de septiembre se votó la ley que fijaba el máximo nacional del precio de los granos. El 17 se sumó la ley contra los sospechosos. El 29, finalmente, se aprobó el "maximum general", por el que todos los precios nacionales quedaban fijados a sus valores de 1790 más un tercio. También los salarios aumentaron por encima de esa magnitud debido a la escasez de fuerza de trabajo provocada por la movilización de la guerra.

El 10 de octubre la Convención estableció que el gobierno sería revolucionario hasta la paz, razón por la que se suspendió la aplicación de la Constitución.

Desde septiembre a diciembre de 1793 la cantidad de presos políticos de París se triplicó, pasando de 1500 a 4500, siendo pronunciadas y ejecutadas 177 sentencias de muerte.

Fueron cayendo ciudades contrarrevolucionarias como Marsella y Burdeos, pero las victorias más importantes fueron las de Lyon, La Vendée y Tolón. En Lyon, el Comité de Salvación Pública decretó el desarmen de la población, la formación de un comité local, la destrucción de las casas de los ricos y el cambio de nombre de la ciudad por "Ciudad Liberada", con la siguiente inscripción para recordar los hechos: "Lyon hizo la guerra a la libertad, Lyon no existe más".

Para poder aplicar con mayor rapidez las sentencias se reemplazó el uso de la guillotina por fusilamientos. Se calcula que cerca de dos mil lyoneses fueron ajusticiados en pocos días.

Se llevó a cabo una campaña de descristianización, cuyo mayor precursor y dirigente fue Fouché. La campaña empleó todo tipo de medidas, desde la fundición de campanas para fabricar cañones, hasta la obligación de los curas a contraer matrimonio en algunos departamentos, pasando por la quema y destrucción de imágenes o la confiscación de ornamentos para el Tesoro Nacional. Varios departamentos destruyeron los monumentos que estaban fuera de las iglesias y prohibieron la realización de oficios fuera de los templos. El 6 de noviembre, la Convención autorizó a los ayuntamientos a suprimir todas las ceremonias religiosas que considerasen necesario. Al día siguiente, el arzobispo de París renunció a sus funciones, acto que fue imitado por otros sacerdotes.

La descristianización fue condenada por importantes figuras de la Convención y del Comité de Salvación Pública, como Danton o Robespierre. Esta campaña distanció a los sans-culottes de los jacobinos, y estos, con Robespierre a la cabeza, se ensañaron contra los enragés, que ya desde la lectura que hiciera Jaques Roux del "Manifiesto de los Enragés" el 25 de junio de 1793, habían decidido acabar con esta tendencia. Roux fue arrestado ilegalmente, y, antes de que le sentenciaran a muerte, se suicidó el 10 de febrero de 1794. Varlet también fue arrestado y, aunque consiguió ser liberado, no volvió a ponerse al frente de los furiosos.

Aniquilados los enragés, muerto Marat, con el retroceso de los jacobinos en su participación con las masas populares, Hébert pasó a encabezar al sector del pueblo más radical de la revolución. El grupo de Hebert, fuerte en la Comuna de París, contaba en sus filas con Fouché y Chaumette, que habían sido los principales propagadores de la campaña de descristianización. Esa posición les había valido que Robespierre los denunciara de desviacionistas y de servir a la contrarrevolución con su programa.

A principios de marzo de 1794 el grupo de Hebert con el respaldo del Club de los Cordeleros amenazó al gobierno jacobino con una nueva jornada insurreccional. La respuesta de los jacobinos no se hizo esperar. Los dirigentes fueron arrestados y juzgados.

 El 24 de marzo de 1794 Jacques René Hébert, fundador del periódico Le Père Duchesne y de ideología ultrarrevolucionaria, integrante de los cordeleros, fue ejecutado en la guillotina acusado de intentar dar un golpe de estado.

La armada revolucionaria de París fue disuelta, al igual que los comités de vigilancia y detención de acaparadores. Una suerte similar corrieron las sociedades populares que habían mantenido su independencia respecto del Club de los Jacobinos.

Casi simultáneamente a la persecución de los hébertistas, por ser considerados extremistas, Robespierre y los jacobinos se enfrentaron a la fracción de Danton, cuyos partidarios eran conocidos como los "indulgentes", que estaban a la derecha de los jacobinos. Entre los "indulgentes", especialmente Danton y Fabre d´Eglantine, debían enfrentarse a serias y certeras denuncias de corrupción. El enfrentamiento terminó con la cárcel y ejecución de los "indulgentes".

El 5 de abril de 1794 Georges Jacques Danton, líder de la Revolución Francesa y miembro de los cordeleros, es guillotinado, acusado de ser enemigo de la República.

El miedo a las ideas más radicales que las propias, defendidas por los jacobinos, liquidando a los grupos de mujeres en el inicio del feminismo y a los enragés o furiosos; la eliminación de los hebertistas y dantonistas que dejó a la revolución sin importantes cuadros políticos en la lucha contra la resistencia contrarrevolucionaria, que había precisado de un tiempo importante en su conformación, ante el temor a ser derrocados por alguna conspiración; propició que los girondinos encontrasen inesperados aliados entre algunos sectores de la montaña.

El 10 de junio Robespierre denunció la existencia de infiltrados dentro de las filas de la montaña.

Infantería francesa avanzando

Con la victoria de los ejércitos republicanos en Fleurus el 26 de junio, triunfo que liberaba al territorio francés de tropas extranjeras y ponía a la República a la ofensiva, la amenaza extranjera quedó muy alejada. Por otra parte, el peligro a nuevas jornadas insurreccionales, prácticamente, no existía. Esto hizo que el gobierno de los jacobinos resultase intolerable para la alta burguesía.

Jean-Lambert Tallien saca un puñal delante de Maximilien Robespierre en plena sesión de la Convención

En la turbulenta sesión de la Convención del 27 de julio de 1794, y después de una larga discusión en la que Robespierre termina aislado, con la Convención dominada por la montaña, y con girondinos infiltrados dentro de ésta, se llevó a cabo un golpe de estado, acordándose la detención de Robespierre junto a otros cuatro diputados, acusándoles de ser los responsables de los excesos de las ejecuciones que se estaban produciendo. Al conocerse la detención, esa misma tarde, la Comuna se insurrecciona contra la Convención y liberan a Robespierre y a los demás detenidos, que son alojados en el Hotel de Ville de París. Pero esta insurrección, al llevarse contra la montaña que eran aliados del pueblo, produce desconcierto y las masas y milicias armadas se dividen, quedando enfrentadas, o paralizadas. Los girondinos, con la complicidad de miembros de la montaña, reagrupan a sus milicias y toman la iniciativa asaltando el Hotel de Ville de París a las dos de la madrugada.

Grabado en color de Harriet que ilustra la versión de que Robespierre fue herido por el disparo de un gendarme.

En la detención se emplea una gran la violencia, matando a varios diputados, arrojándoles por la ventana, y a Robespierre le dispara en la mandíbula izquierda el gendarme Charles-André Merde, a Couthon le rompieron el cráneo y Hanriot recibió un bayonetazo que le arrancó un ojo. Se informa que los muertos se han suicidado y los lesionados trataron de escapar lanzándose por las ventanas.

Ejecución de Robespierre en la guillotina

Por orden de la Convención se ordenó al Tribunal Revolucionario que se procediera a las ejecuciones sin juicio, de los veintidós condenados a muerte, entre los que se encontraba, además de Robespierre, Saint-Just, el alcalde de París, un general, miembros del Tribunal Revolucionario y de la Comuna de París. Fueron ejecutados en la guillotina el 28 de julio de 1794. En la carreta que les transportaron llevaron muerto a Philippe-Francois-Joseph Le Bas, con lo que guillotinaron su cadáver. En el camino al pasar delante de la casa en la que vivía Robespierre pararon para embadurnar sus paredes con sangre.

El 28 de julio de 1794 se inicia el periodo conocido como reacción de Termidor, produciéndose una cacería contra los partidarios de Robespierre, llevando, sin juicio, al patíbulo a 71 miembros de la Comuna de París. En días posteriores se asesinaron a 108 representantes de la izquierda, poniéndose en marcha una campaña nacional con bandas armadas para ejecutar esta represión, bajo la dirección de los girondinos. A continuación se llevó a cabo todo un plan de desprestigio de Robespierre, de los jacobinos, de los cordeleros y sus medidas de gobierno.

El 1 de agosto se derogó la ley de estado de excepción, que se decretó para poder luchar contra la contrarrevolución monárquica insurrecta. El 10 de agosto fue destituido el fiscal revolucionario, e, inmediatamente, fueron liberados miles de contrarrevolucionarios detenidos. La Convención incorporó a setenta y ocho delegados girondinos que habían sido liberados de las prisiones. Se suprimió el embargo a los enemigos de la revolución y les fueron devueltas las propiedades a la gran burguesía, aunque se descartó el restablecimiento de la propiedad de la nobleza, o del alto clero. El 24 de diciembre de 1794 fue abolido el control de precios, iniciándose, entonces, una desaforada especulación por parte de la gran burguesía, amasando inmensas fortunas a costa del hambre del pueblo.

Fuera de París la represión fue aún mucho peor. En especial en los departamentos en los que la Convención y sus ejércitos tuvieron que reconquistarlos a sangre y fuego, donde se cometieron las mayores atrocidades y a gran escala. Asesinatos de prisioneros en masa en las cárceles, de detenidos que iban camino a prisión, ejecuciones por ahogamiento en los ríos y todo tipo de métodos fueron practicados. Entre los ejecutores de estas prácticas se destacaron los sacerdotes de la Compañía de Jesús.

A principios de 1795 el gran descontento generado por estas medidas dieron lugar a disturbios populares. El 30 de marzo se declaró una huelga general. El 1 de abril se produjo una insurrección de los sans-culottes de París que fue rápidamente reprimida. El 20 de mayo, una nueva insurrección de los sans-culottes de París, esta vez con el apoyo de una parte de la Guardia Nacional, tomaron por asalto la Convención, y apoyados por diputados de la montaña se aprobaron medidas que asegurasen alimentos para la ciudad; se liberaron a los jacobinos encarcelados y con ellos se formó un nuevo gobierno revolucionario.

Los girondinos lograron agrupar un mayor número de fuerzas militares y retomaron el control de la Convención. Los diputados de la montaña fueron detenidos y sus decretos fueron quemados. El 31 de mayo de 1795 fue abolido el Tribunal Revolucionario.

El 17 de junio, una comisión especial juzgó a los 11 diputados de la montaña que apoyaron la insurrección, cuatro lograron fugarse, otros cuatro se suicidaron y tres fueron guillotinados.

Después del fracaso insurreccional se llevó a cabo una gran represión en las organizaciones de obreros y artesanos pobres, en las mujeres que fueron una fuerza fundamental de los sans-culottes, y muy especialmente en la Guardia Nacional.

De los sectores radicalizados que se habían opuesto, por la izquierda, al jacobinismo comienzan a denunciar el carácter reaccionario del nuevo gobierno. Entre estos destaca Grachuss Babeuf, quien después del golpe de Termidor, que apoyó al principio, se dispuso a denunciar y condenar en su periódico a los termidorianos. A causa de ello, su periódico fue clausurado y cayó sobre Babeuf una orden de detención. Sin embargo, logró evadir la prisión y continuar escribiendo en su periódico, con un nuevo nombre, Tribuno del Pueblo.

Cuando finalmente fue apresado inició una profunda experiencia de formación y definición política. En la prisión de Arras se conocieron varios de los revolucionarios que luego estarán en la conducción de la Conspiración de los Iguales. Sus historias previas eran diferentes, había tanto exterroristas como jacobinos. Entre todos comienzan a madurar la crítica a la propiedad privada. Viendo que la dinámica interna de una sociedad de productores privados lleva necesariamente a una sociedad capitalista, donde la propiedad privada se basa en la explotación del trabajo asalariado.

El 22 de agosto de 1795 se aprobó una nueva Constitución, que retiró la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano del derecho constitucional, se recuperó el sufragio censitario donde sólo tienen derecho al voto los varones ricos del país. La Constitución fue aprobada mediante una farsa de referendo.

En el aspecto educativo la enseñanza sería segregada, se recoge el derecho a la enseñanza privada, se suprime la gratuidad de la enseñanza primaria y la obligatoriedad de escolarización. Los niños eran necesarios en las tareas agrícolas, domésticas y en los talleres.

Babeuf y sus compañeros fueron liberados gracias a una amnistía decretada tras la derrota de la intentona realista por dar un golpe de mano que resultó rápidamente desarticulado a cañonazos por Napoleón.

El 5 de octubre tuvo lugar la última insurrección de los sans-culottes y ocho mil milicianos arremetieron contra la sede de la Convención en las Tullerías, que estaba defendida por cinco mil soldados profesionales y un destacamento de artillería al mando del General Napoleón Bonaparte. La lucha fue encarnizada, produciéndose grandes bajas por ambas partes, pero, finalmente, los milicianos fueron rechazados. El 6 de octubre el ejército lanzó una ofensiva de artillería contra las barricadas de los barrios populares insurrectos. Los hombres y mujeres sans-culottes libraron su última batalla, dejando un legado histórico de heroísmo y sacrificio revolucionario.

La Revolución Francesa no habría sucedido sin el arrojo y el sacrificio del pueblo llano, que en ningún momento se libró de la hambruna, pues, aunque lograron con su presión que se aprobasen leyes que hicieran algo de justicia, ya en el final de la Revolución, éstas fueron claramente insuficientes o no llegaron a ser efectivas, y la voracidad de la burguesía que aprovecharon para enriquecerse del hambre de las clases bajas con la inflación.    

La burguesía conservadora había recuperado el poder y a partir del 26 de octubre de 1795 comenzó la etapa conocida como Directorio, o también denominada como República de los propietarios.

Babeuf junto a los camaradas conocidos en prisión y otros compañeros, fundaron la Sociedad del Panteón, así llamado por el lugar donde se reunían. El periódico se convirtió en el órgano oficial de la sociedad. En febrero de 1796, el Directorio suprimió el periódico, clausuró el lugar de reunión y ordenó disolver la Sociedad del Panteón. Obligados a trabajar en la clandestinidad, en abril de 1796, el grupo de Babeuf constituyó el Comité Secreto que pasará a la historia con el nombre de Directorio Secreto, para preparar una acción insurreccional que condujera a la toma del poder.

Los babuvistas se dedicaron a la tarea de difusión, casi diariamente pegaban afiches y difundían volantes en los que criticaban el orden de cosas y explicaban en qué consistía la doctrina de la igualdad. Organizaban reuniones de grupos pequeños en casas y otros lugares privados. Cada uno de los integrantes del núcleo original tenía asignada la tarea de agitar dentro de distintos sectores, incluyendo el ejército y la policía.

Redactaron el Acta Insurreccional donde definían con precisión los propósitos del movimiento y daban a conocer lo que todo ciudadano revolucionario debía hacer, y se determinaba cuales eran los lugares a ocupar y proteger.

El Comité Insurreccional estaría a cargo de la insurrección, pero la posterior tarea de consolidación revolucionaria se asignaba a una Asamblea Nacional compuesta por un demócrata de cada departamento, propuesto por el Comité Insurreccional y elegido por el pueblo. Una de las tareas que esta Asamblea tendría es mejorar la Constitución de 1793.

Se esperaba que la insurrección contaría con diecisiete mil hombres, muchos de ellos del ejército y de la legión de policía, además de los sans-culottes de los barrios más populares de París.

Pero antes de que pudiera ponerse en práctica, todo el plan fue desarticulado. Un espía del Directorio termidoriano estaba dentro del Comité Insurreccional. El 10 de mayo de 1796 los principales líderes fueron detenidos. En los días siguientes, los militares que no estaban presos intentaron liberar a sus compañeros en dos oportunidades. El Directorio arrestó a cientos de militares cuya identidad había quedado al descubierto, ejecutó a treinta de ellos y deportó o dejó en prisión al resto.

El juicio de los principales líderes de la Conspiración fue postergado varias veces y comenzó un año después de que fuesen detenidos.

Babeuf y Darthé fueron sentenciados a muerte y los otros siete fueron deportados a las colonias francesas en América. Babeuf y Darthé intentaron quitarse la vida, pero no lo lograron a pesar de las graves heridas que se provocaron.

El 28 de mayo de 1797, Grachuss Babeuf y Darthé fueron ejecutados. La familia de Babeuf pudo estar presente gracias al apoyo económico de su amigo Félix Lepeletier que les facilitó el viaje.

El 9 de noviembre de 1799 Napoleón dio un golpe de estado instalando el Consulado. El 25 de diciembre de 1799 se promulgó una nueva constitución, estableciendo un régimen autoritario que concentraba el poder en manos de Napoleón, para, supuestamente, salvar a la república de una posible restauración monárquica.

Amanecer del 18 de Brumario. Golpe de estado de Napoleón.

 


 

Personajes de la Revolución Francesa


 

Robespierre



Maximilien François Marie Isidore de Robespierre, conocido como Maximilien Robespierre, nació el 6 de mayo de 1758 en Arras, y murió ejecutado en la guillotina el 28 de julio de 1794, en París. Hijo de Maximilien Barthélémy François de Robespierre y Jaqueline Marguerite Carraut, que se casaron el año que nació, y tuvieron cuatro hijos más. Su madre murió cuando tan sólo tenía seis años, a los pocos días de nacer el último de sus hermanos, que también falleció a los pocos días. Su padre les avandonó y quedaron a cargo de sus tíos y abuelos. Robespierre consiguió estudiar en el colegio Luis el Grande de París, gracias a las becas que obtubo y al apoyo del obispo de la ciudad; a pesar de las dificultades fue el primero de su clase y uno de los estudiantes más brillantes de su época. Al finalizar sus estudios básicos se trasladó a París para estudiar Derecho, y al graduarse regresó a su ciudad natal para ejercer la profesión como defensor legal, especialmente de la gente más desfavorecida. Se convirtió en uno de los abogados más destacados de Arras, y su fama le llevó a la política, resultando electo como diputado en el Tercer Estado de los Estados Generales en 1789, iniciando una meteórica carrera política; fue elegido presidente del club jacobino en abril de 1790, y alcanzó la presidencia de la Convención Nacional, y fue miembro del Comité de Salvación Pública. Apodado el Incorruptible, fue el líder indiscutible del ala más progresista de los jacobinos y uno de los más destacados de la Revolución francesa.

Después de la manifestación convocada por los cordeleros en el Campo de Marte, el 17 de julio de 1791, para pedir la abdicación del rey, y en la que murieron 50 manifestantes, tras ser dispersados a balazos por un batallón al mando de La Fayette, los líderes de la izquierda pasaron a la clandestinidad, como Marat o Danton; Robespierre se refugió en casa de Maurice Duplay, ebanista simpatizante de los jacobinos.

El apoyo que tuvo de los revolucionarios de París (los sans-culottes), en las asambleas de cada distrito y municipio de la región parisina, llevó a Robespierre al poder; primero como miembro de la Comuna revolucionaria (el ayuntamiento) que obstentaba el poder local, luego como representante de la ciudad en la Convención Nacional, en la que Robespierre apareció como portavoz de la Montaña, junto con Danton y Marat, manifestando abiertamente su republicanismo. Luchó firmemente contra los girondinos, grupo de diputados de corte conservador que se inclinaban por mantener la monarquía constitucional. Robespierre ya se había enfrentado antes a los girondinos por la inconveniencia de iniciar una guerra contra las monarquias europeas que servía a los intereses del rey Luis XVI, que los girondinos defendían con el pretexto de llevar la libertad a los subditos de los reyes.

En 1793 Robespierre, apoyado por las masas populares, desmanteló el grupo de los girondinos, arrestando a sus principales dirigentes. Pero, por entonces, la República vivía una situación de extrema gravedad, siendo acosada en sus fronteras por ejércitos europeos, y en el interior una seria desconfianza dentro de los propios grupos de izquierdas y la guerra civil, que duró tres años, y que comenzó en la región de Vendée, por parte de campesinos contrarrevolucionarios que siguieron ciegamente a los nobles y curas, para restablecer la monarquía y salvar el catolicismo. Robespierre consideraba que la República debía defenderse de forma contundente y sin vacilación. Había sido un firme defensor de la abolición de la pena de muerte, pero modificó su percepción al asumir la obligación de defender la República y la Revolución.

Se enfrentó a los hebertistas, seguidores de Hébert, que amenazaron con una insurrección, debido a que los jacobinos se habían mostrado excesivamente moderados en cuestiones sociales; y a los llamados indulgentes agrupados en torno a Danton, a los que llevó al patíbulo acusados de enemigos de la República. Ambos, Hébert y Danton fueron ejecutados en la guillotina.

Estando la Montaña repleta de girondinos ocultos, y con los seguidores de Hébert y Danton deseosos de vengar las muertes de sus líderes, comenzó a fraguarse un golpe de estado.

Robespierre fue acusado de tiranía y detenido junto a otros miembros del Comité, Saint-Just y George Couthon. El hermano de Robespierre, Augustin, junto con Philippe Le Bas, miembro del Comité de la Seguridad General , pidieron ser arrestados junto con ellos.

Liberados por la Comuna de París, que les prestó su apoyo, los Robespierristas se pusieron a refugio en el Hôtel- de-Ville; pero, esa misma noche, las tropas leales a la Convención les asaltaron. Al día siguiente, Robespierre, herido en la mandíbula de un disparo, fue conducido a la plaza de la Revolución, siendo declarado, él y sus seguidores, “fuera de la ley”, lo que permitía ejecutar a un acusado sin juicio ni defensa, y fue guillotinado junto a veintiún colaboradores, entre los que se encontraban Saint-Just, Couthon y el general Hanriot.

 


 

Danton



Geoges-Jacques Danton nació en Arcis-sur-Aube el 28 de octubre de 1759, murió en la guillotina el 5 de abril de 1794. Quedó huérfano de padre, un modesto procurador, cuando tenía tres años de edad. Estudió derecho, siguiendo la tradición paterna, y se trasladó a París donde, en 1787, contrajo matrimonio con Angélica Charpentier, hija de un hombre acaudalado, lo que le permitió comprar un cargo de abogado en los consejo reales, que conservó hasta 1791.

Al comenzar la Revolución francesa en 1789 entró en política y en abril de 1790 fundó, junto a otras figuras destacadas como Marat o Hérbert, la Sociedad de Amigos de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, que se conoció más con el nombre de club de los cordeleros.

El 17 de julio de 1791 los cordeleros, con el apoyo de los jacobinos, convocaron una manifestación en el Campo de Marte pidiendo el fin de la monarquía y que Francia se convirtiera en una república; manifestación en la que murieron 50 manifestantes por disparos, en una carga de caballería a las órdenes de Lafayette. Los líderes de la izquierda pasaron a la clandestinidad, y Danton se fue a Londres; pero en diciembre de ese mismo año regresó y fue elegido segundo asistente del fiscal de la Comuna de París.

En 1791 recayeron sobre Danton graves sospechas de haber aceptado sobornos monárquicos.

Apoyó a los girondinos en su política bélica, declarándole la guerra a Austria y Prusia el 20 de abril de 1792, y cuando los ejércitos aliados invadieron Francia, Danton llamó a la insurrección, junto a los jacobinos y secciones de la Comuna de París. El 10 de agosto de 1792 el palacio de las Tullerías fue asaltado por los sans-culottes, en una insurrección popular que puso fin a la monarquía de Luis XVI. "La patria está en peligro", fue la consigna en la sublevación y que permitió poner en pie los ejércitos revolucionarios para defender a París de la invasión extranjera.

Tras el asalto al palacio de las Tullerías, Danton, se convirtió en una figura importante para el pueblo. La Asamblea Legislativa le nombró Ministro de Justicia. Al formar parte del Consejo de Gobierno y al mismo tiempo ser miembro de la Comuna revolucionaria se hizo con un poder importante.

En noviembre de 1792 fue enviado por la Convención a Belgica, por lo que no pudo estar presente en el juicio contra Luis XVI, pero votó por la pena de muerte para el rey apoyando a Robespierre, cuando antes había solicitado que la pena se redujera a su destierro.

En marzo de 1793 participó en la creación del Tribunal Revolucionario, el cual presidió, y, en abril, del Comité de Salvación Pública, que dirigió. El 5 de septiembre es elegido diputado de París y deja el ministerio, para ejercer su cargo en la Convención Nacional.

Debido al fracaso que sufrió en su intento de poner fin a la guerra con las monarquías europeas, por canales diplomáticos, fue desplazado de la jefatura del Comité de Salvación Pública, dando paso al "triunvirato" de Robespierre, Couthon y Saint-Just.

A últimos de 1793 los jacobinos le acusan de malversación de fondos y de haberse vendido a los monárquicos, viéndose implicado, junto a su amigo y diputado Fabre d´Eglantine, en la fraudulenta liquidación de la Compañía de las Indias, y que fuera figura destacable de las finanzas públicas que se enriqueció considerablemente durante el periodo que ejerció en el Ministerio.

El 30 de marzo de 1794 Danton, Desmoulins y Fabre son arrestados por orden de Saint-Just, acusados de enemigos de la República. El 5 de abril de 1794 es ejecutado en la guillotina.


 

Fouché



Josep Fouché nació en el pequeño pueblo de Le Pellerin, en el oeste de Francia, el 21 de mayo de 1759; murió en Trieste, que en ese tiempo formaba parte de Austria, y en la actualidad está en Italia, el 26 de diciembre de 1820. Hijo de Julien Joseph Fouché, un comerciante de esclavos que operaba en la ciudad de Nantes y que murió repentinamente en 1771. Tuvo una niñez enfermiza y endeble. Ingresó en el seminario como religioso de la Congregación del Oratorio, donde más tarde fue profesor de latín, matemáticas y física. Una década después avandonará la enseñanza para entrar en la política.

Tenía una gran habilidad para mantenerse en el poder como fuese, sin importar quien ocupase el poder, y una desmesurada ambición.

No destacó por su presencia en la vida pública, ni proclamó grandes discursos, más bien actuaba a la sombra moviendo los hilos de la política. Actuó de forma decisiva en la caída de Robespierre, "El Incorruptible".

Apoyó con entusiasmo la Revolución cuando estalló, el 14 de julio de 1789, y entró en la Asamblea Nacional adhiriéndose a los girondinos; pero cuando éstos empezaron a perder su hegemonía, con la entrada de Robespierre en la convención, fue desplazando sus preferencias hacia el ala más radical de los jacobinos, pasando de ser un monárquico moderado a uno de los más radicales de los jacobinos, convirtiéndose en miembro del Comité de Salvación Pública, votando por la ejecución de Luis XVI.

Dentro del Comité de Salvación Pública se distinguió por su celo en la campaña de descristianización y la represión llevada a cabo en Lyon, donde mandó cañonear con metralla matando a más de mil civiles y religiosos, cuya actuación le valió el apodo de "Ametrallador de Lyon". Su acción fue condenada por los jacobinos, siendo excluído de la sociedad.

Se enfrentó a Robespierre, de quien había sido muy cercano, llegando casi a convertirse en su cuñado. Robespierre consiguió apartarle del poder, pero Fouché, conspirando a sus espaldas logra hacerse con la presidencia del club de los jacobinos, cargo que pierde por influencia de Robespierre. Finalmente participó en el golpe de estado de Termidor que puso fin al gobierno democrático de Robespierre en 1794, enviándole a la guillotina; sin embargo no estuvo en la Asamblea ni se le vio públicamente en los días de la caída de Robespierre, su trabajo lo realizaba en la oscuridad.

Con la llegada del Directorio, Fouché es perseguido y encarcelado por su colaboración en la etapa de Robespierre, teniendo que esconderse durante tres años, en los que vivió en la extrema pobreza. Transcurrido ese tiempo se ganó la confianza de Barras, ayudándole a poner fin a la Conspiración de los Iguales, que fue un intento de derrotar el Directorio y establecer un nuevo régimen, promovido por François Nöel Babeuf. Esto le valio la amnistía y ser empleado como agente diplomático del gobierno. En 1799 fue nombrado Ministro de la Policía, cuyo modelo de trabajo sirvió de patrón para los ministerios de Interior décadas después. Fouché es considerado el fundador del espionaje moderno. Ejerció su influencia durante la Revolución francesa y el imperio napoleónico, llegando a ser duque de Otranto.


 

Hébert



Jacques René Hébert nació en Alençon el 15 de noviembre de 1757, en el seno de una familia burguesa. Su padre, de profesión joyero, murió cuando tenía 9 años. Era un artesano sin oficio fijo, y en 1790 fundó el periódico El Padre Duchesne, nombre con el que se le conoció también a él. En su primer año este diario era favorable al rey y a La Fayette, culpando de todos los males a María Antonieta y al abate Maury, un gran defensor de la autoridad del papa y en contra de la constitución civil del clero; pero a partir julio de 1791, con la matanza del Campo de Marte se radicalizó convirtiéndose en portavoz de los revolucionarios más radicales. Fue, junto a Marat, una figura clave de los cordeleros; en 1792 fue nombrado sustituto del procurador de la Comuna de París, y poco después fue nombrado segundo sustituto del fiscal de la Comuna.

A sus seguidores se les conocía como hebertistas, y eran más radicales que los jacobinos, a favor de la descristianización y defensores del control de los precios y los beneficios.

El 7 de febrero de 1792 contrajo matrimonio con Marguerite Françoise Hébert, que había sido monja del convento de la Concepción.

Entró en conflicto con Robespierre, a partir de su violenta campaña de descristianización, a quien acusaba de conservador en asuntos sociales. Hébert y sus partidarios prepararon una insurrección para arrebatar el poder a Robespierre y Saint-Just en beneficio de la Comuna de París, pero fueron descubiertos, detenidos y ejecutados el 24 de marzo de 1794, la esposa de Hébert también fue condenada a morir en la guillotina. Uno de los hebertistas ejecutados fue el prusiano nacionalizado francés Anacharsis Coots, que fue acusado por Robespierre de tener conexiones con grupos extranjeros y haberse infiltrado en las filas hebertistas para desestabilizar la República con acciones extremistas.


 

Babeuf



François-Noël Babeuf nació el 23 de noviembre de 1760 en Saint-Quentin, en la provincia de Picardía en el noreste de Francia, y murió guillotinado en París el 27 de mayo de 1797. Su padre era administrador de impuestos y su madre criada.

Ejerció de administrador de propiedades feudales, lo que le permitió conocer las transformaciones agrarias que provocaron los enfrentamientos entre las comunidades aldeanas, que defendían sus tradiciones comunitarias, y los nuevos grandes granjeros capitalistas, que defendían la propiedad privada frente a la comunal.

Fue político, periodista, teórico y revolucionario francés, que defendió "la dicha común" como finalidad de la sociedad, y que para lograr la "igualdad perfecta" no bastaba con limitar la propiedad, como defendían los hebertistas, sino suprimirla y establecer "la comunidad de bienes y de trabajos".

Es encarcelado el 19 de mayo de 1790 por agitador, y es liberado en julio gracias a la intervención de Marat. En octubre edita Le Correspondant picard. En febrero de 1793 se instala en París, donde es encarcelado del 14 de noviembre de 1793 al 18 de julio de 1794, por la difusión de ideas radicales. El 3 de septiembre de 1794, tras la caída de Robespierre, Babeuf publica Journal de la Liberté, que el 5 de octubre pasa a ser Le Tribun du peuple, que alcanza una gran difusión. Es nuevamente encarcelado el 7 de febrero de 1795 y liberado el 18 de octubre de 1795, volviendo rápidamente a la publicación del periódico, donde firmaba con el nombre de Gracchus Babeuf, desde donde arremetió contra los jacobinos y contra el régimen surgido de la reacció thermidoriana. Participó en el Club del Panteón, organización política revolucionaria formada por antiguos jacobinos y víctimas de la reacción.

Napoleón Bonaparte, que ocupaba la jefatura del Ejército del Interior, cerró el Club del Panteón en 1796, y Babeuf creó, entonces, un comité de insurrección secreto compuesto por siete miembros. Lanzaron una campaña de propaganda destinada a agitar a las clases populares para conseguir un levantamiento, la "Conspiración de los Iguales", contra el Directorio y lograr su derrocamiento, para poner en vigor la Constitución de 1793, que nunca llegó a ser aplicada; pero el Directorio fue informado de esta conspiración por Georges Grisel, un excapitán del ejército que se había infiltrado en el grupo insurrecto, y el 10 de mayo de 1796 fueron detenidos por la policía.

El juicio comenzó el 20 de febrero de 1797 y duró tres meses. Fueron sentenciados a muerte Babeuf y Darthé, ejecutados en París el 27 de mayo de 1797, a los demás les deportaron a sudamérica.

La Conspiración de los Iguales no fue más que un episodio de poca relevancia en la historia del régimen thermidoriano, pero ejerció una profunda influencia en el pensamiento comunista del siglo siguiente.


 

Saint-Just



Louis Antoine Léon de Saint-Just nació el 25 de agosto de 1767 en Decize, Francia, y murió en la guillotina el 28 de julio de 1794, en París. Hijo de un militar nombrado caballero de la Orden de San Luis. Estudió derecho en Reims, donde también estudiaron otros nombres destacados de la revolución como Brissot o Danton. Cuando la joven a la que quería se casó con alguien mejor posicionado económicamente, robó unas joyas familiares y huyó a París, pero se gastó pronto el dinero, y fue ingresado en un correccional a petición de su madre en 1786, donde pasó seis meses; después retomó los estudios y terminó la carrera de Derecho. Desde sus inicios participó en los movimientos revolucionarios de París, aunque al poco regresó al hogar familiar, ingresando en la Guardia Nacional en julio de 1789 y fue nombrado teniente coronel. Formó parte del dispositivo que escoltó a Luis XVI al regreso de su intento de fuga. Cuando conoció a Robespierre se convitió en una de las personas más cercanas a él. Se presenta a las elecciones en 1791 a la Asamblea Legislativa y se le niega el derecho a ocupar el escaño debido a su corta edad. Sí pudo hacerlo en la Convención en 1792 formando parte del grupo de la Montaña. Destaca como uno de los más destacados oradores. Tras las multiples conspiraciones del rey se posicionó partidario de la ejecución de Luis XVI y su esposa María Antonieta, quien recurrió a su familia en Austria para tratar de derribar el gobierno revolucionario por la fuerza de las armas.

Perteneció al Comité de Salvación Pública y se ganó la fama de ser uno de los más radicales. Su contribución en la fuerza militar francesa se vio recompensada con victorias contra Austria.

Fue uno de los más activos en la caida de Hébert, Danton y sus colaboradores. El 27 de julio de 1794 Sant-Just y Robespierre son detenidos por la Convención, atacados por las fuerzas contrarrevolucionarias y representantes de la burguesía liberal rica, patrocinados por los bancos, asustados con el curso de los acontecimientos, así como por los representantes de la izquierda más radical descontentos con la política religiosa y con las ejecuciones de sus líderes más populares. Saint-Just fue fiel a su amigo Robespierre hasta el final, lo que no ocurrió con otros de los hombres cercanos. Una gran parte del pueblo de París se levantó contra el arresto de los líderes jacobinos liberándolos, pero son detenidos nuevamente y ejecutados sin juicio el 28 de julio de 1794. Sant-Just tenía 26 años.


 

Marat



Jean-Paul Marat nació el 24 de mayo de 1743 en la localidad de Boudry, cantón de Neuchátel, Suiza; murió asesinado en su bañera el 13 de julio de 1793. Su apellido original era Mara, al que, posteriormente, añadió una "t" al final para darle una apariencia francesa. Hijo mayor de una familia de clase media baja; su padre, exmonje de origen sardo que se convirtió al calvinismo, nativo de Cagliari, Cerdeña y su madre suiza, de Ginebra, ambos protestantes.

Tras la muerte de su madre abandonó la casa paterna, a la edad de dieciséis años, y se fue a vivir a Francia, yendo a Burdeos y París, lugares en los que estudió medicina, llevando una vida de estudiante pobre, comiendo poco y pidiendo prestados los libros de las bibliotecas de las grandes mansiones, y, probablemente, ejerciendo de médico sin serlo. En 1767 se fue a Inglaterra, donde residió durante diez años, completó sus estudios de medicina en 1775 diplomándose en medicina por la Universidad de San Andrés, en Edimburgo. En 1777 regresó a París, y gracias a su excelente reputación como médico, junto con la ayuda de la marquesa de I´Aubespine, a quien trató una enfermedad pulmonar con éxito y de la que fue amante, pudo acceder al cargo de médico del cuerpo de guardia del conde d´Artois, hermano menor de Luis XVI y futuro Carlos X, a pesar de su posicionamiento ideológico antimonárquico.

Entre 1781 y 1787, Marat se dedicó a la investigación científica en el campo de la luz, la electricidad y la medicina.

Después de la toma de la Bastilla, en septiembre de 1789, Marat puso en marcha su propio periódico, llamado El amigo del pueblo, que tuvo gran influencia en la Revolución, desde donde, con un estilo crítico y en un tono agresivo, atacó a todos los que consideraba enemigos de la Revolución, llamando a la violencia, motivo por el que le suspendieron el periódico en varias ocasiones. Fue miembro de los cordeleros, y dirigió fuertes ataques contra el ministro Necker, el marqués de La Fayette y el rey Luis XVI, lo que le convirtió en una persona muy apreciada y popular, al tiempo que se ganó enemigos peligrosos que le obligaron a huir a Londres en dos ocasiones. En 1790, ya de vuelta en París, retomó la publicación del periódico, pero escondiéndose en las insalubres catacumbas parisinas, una red de túneles y cuartos subterráneos convertidos en cementerio común a finales del siglo XVIII. Declarada la República Francesa, en 1792, Marat cerró su antiguo periódico y puso en circulación el Diario de la República Francesa, desde donde siguió con su estilo crítico y violento. Marat luchó en la Convención y desde su periódico contra los girondinos, a quienes consideraba enemigos encubiertos de la Revolución.

En la primavera de 1793, los girondinos consiguieron que la Convención le acusase de incitar al pueblo a la violencia, pero fue declarado inocente. Tras la caída de los girondinos, el 2 de junio de 1793, Marat abandonó la Convención.

Marat padeció una enfermedad de afección cutánea crónica, desde unos cuatro o cinco años antes de su muerte, que le afectaba a la mayor parte de su cuerpo y le producía un intenso picor que limitaba su calidad de vida, forzándole a permanecer largas horas sumergido en una bañera con aguas medicinales para procurarse algún alivio. La bañera tenía una forma de zapato, lo que le permitía trabajar y atender a las diferentes personas con las que tuviese que hablar mientras se encontraba en su interior.

El 13 de julio de 1793, encontrándose Marat en su bañera, recibió la visita de la joven Charlotte Corday, quien decía traer los nombres de algunos girondinos enemigos de la revolución huidos a Caen; ocasión que aprovechó la joven para apuñalarle, hiriéndole mortalmente. La joven era hija de girondinos convertidos en realistas.

El asesinato de Marat le convirtió en un mártir de la Revolución.


 

La Fayette



Marie Joseph Yves Roch Gilbert Motier, marqués de La Fayette nació en Chavaniac, en la provincia de Auvernia, en el sur central de Francia, el 6 de septiembre de 1757; murió en Paris, el 20 de mayo de 1834. De familia noble, a los 13 años quedó huérfano y heredó una considerable fortuna.

Se formó en una academia militar, y en abril de 1771 fue nombrado subteniente del cuerpo de Mosqueteros, aunque sus obligaciones eran en su mayoría ceremoniales y marchar en desfiles, mientras continuaba con sus estudios. Se casó, en un matrimonio acordado, con Marie Adrienne Françoise de Noailles, hija de los Duques de Noailles, cuando tenían 14 y 12 años de edad, respectivamente, lo que le proporcionó una dote de 400.000 libras, el rango de capitán y el mando de una compañía en el Regimiento de Dragones de Noailles.

En 1777 se embarcó para América, cuando las colonias norteamericanas declararon la independencia del dominio británico, participando en la Guerra de Independencia. George Washington le nombró general mayor. Tomó parte en la campaña de Virginia, que terminó con la rendición en Yorktow del general británico lord Charles Corwallis en 1781.

Terminada la guerra en 1783 con la victoria de Estados Unidos de América, La Fayette regresó a Francia. En 1789 fue elegido diputado, del lado de la nobleza, para los Estados Generales. Después de la toma de la Bastilla, La Fayette fue nombrado comandante en jefe de la Guardia Nacional y participó en la formación de los feuillants, grupo de políticos que defendía la instauración de una monarquía constitucional.

Aunque La Fayette llevó de regreso a París a Luis XVI, cuando intentaba huir de Francia y fue detenido en Varennes, en 1791, también fue quien ordenó disparar sobre los manifestantes que pedían el fin de la monarquía en el Campo de Marte. En 1792, tras fracasar en el intento de sublevar a sus tropas en favor del rey, tuvo que huir de Francia, habiéndole declarado la Asamblea culpable de alta traición; pero en Flandes fue capturado por las autoridades austriacas, que habían ocupado el país, y le tuvieron preso durante cinco años.

Napoleón obtuvo su liberación después de derrotar a los austriacos en 1797, aunque le prohibió regresar a París, lo que le mantuvo retirado de la política durante la época del Imperio; pero contribuyó a forzar la abdicación final de Napoleón en 1815. La Fayette se convirtió en un miembro liberal de la Cámara de Diputados, manteniéndose en su cargo casi el resto de su vida.


 

Charlotte Corday



Marie Anne Charlotte Corday d´Armont nació en Saint-Saturnin-des-Ligneries el 27 de julio de 1768, y murió en la guillotina el 17 de julio de 1793, en París. Tras la muerte de su madre, su padre ingresó a sus tres hijas en un monasterio, cuando Charlotte tenía trece años, hasta que se suprimieron los monasterios el 13 de diciembre de 1790, cuando tenía veintidós años. Al salir del convento es acogida en su casa por su tía, Madame de Bretteville.

Charlotte acudía a las asambleas de los girondinos en Caen, donde Marat se convirtió en un símbolo de la tiranía para ella, escuchando las explicaciones que se daban en estas reuniones, cuando los girondinos se convirtieron en poscritos y fugitivos.

El 9 de julio de 1793 se dirigió a París y el 11 de julio se hospedó en el Hôtel de la Providence, y provista de una carta se presentó en casa del diputado Lauze de Perret, por quien se enteró de que Marat ya no aparecía por la Convención. Era necesario ir a su propia casa, donde se presentó el 13 de julio dando muerte a Marat.


 

Olympe de Gouges



Olympe de Gouges es el seudónimo de Marie Gouze, nacida en Montauban el 7 de mayo  de 1748; murió en la guilllotina el 3 de noviembre de 1793, en París. De familia acomodada, se casó en 1765 con un hombre mucho mayor que ella cuando tenía 17 años, con quien tuvo un único hijo, Pierre Aubry, y de quien quedó viuda poco tiempo después. Decepcionada por su experiencia matrimonial se negó a volver a casarse, opinando que el matrimonio era "una tumba para el amor".

Se trasladó a París a principios de 1770 y frecuentó los salones en los que se discutía de literatura, política y sociedad; cambió de nombre y emprendió una carrera literaria, montó una compañía de teatro itinerante que actuó en los teatros de toda Francia. Su obra más conocida, La esclavitud de los negros, le supuso un duro enfrentamiento con la corte versallesca, ya que muchas familias se habían enriquecido con la trata de esclavos, y fue encarcelada, aunque logró ser liberada gracias a sus influencias y continuó con su lucha abolicionista granjeándose el respeto y la admiración dentro del movimiento.

Se involucró en la lucha por la igualdad con un marcado cariz feminista y revolucionario, defendiendo la igualdad entre hombres y mujeres en todos los aspectos de la vida pública y privada, el derecho al voto, el acceso al trabajo público y la política, el derecho a poseer y controlar propiedades, a formar parte del ejército, a la educación y la igualdad de poder en el ámbito familiar y eclesiástico. Defendió la supresión del matrimonio, la instauración del divorcio, y el reconocimiento de los niños fuera del matrimonio; propuso un contrato anual renovable entre cónyuges. En 1791 redactó la "Declaración de los derechos de la mujer y la Ciudadana", como reacción a la reciente declaración de los derechos del Hombre.

Al inicio de la Revolución Francesa apoyó la monarquía constitucional, pero después se adhirió a la causa republicana, oponiéndose a la condena de muerte de Luis XVI; apoyó a los girondinos, y criticó duramente la política de Robespierre y Marat, denunció la creación del Comité de Salvación Pública; era admiradora de La Fayette y Mirabeau.

Con la caída de los girondinos, por traición a la revolución, fue detenida en agosto de 1793 como autora de una octavilla con el título Las tres Urnas, donde solicitaba un plebiscito para elegir el sistema de gobierno: monarquía constitucional, federación o centralismo. Por la ley que disponía que los autores de escritos contrarrevolucionarios podían ser condenados a muerte, Olimpe, el 3 de noviembre de 1793, fue ejecutada en la guillotina.


 

Claire Lacombe



Nació el 4 de agosto de 1765 en Pamiers. Fue una actriz francesa, que inicia su carrera en Marsella, aunque también actuaba en producciones teatrales en Lyon para una compañía que daba sus funciones de pueblo en pueblo y alguna vez en castillos; hasta que en 1792 llegó a París.

Se involucró con la Revolución Francesa defendiendo los intereses de los Montañeses, en el club de los jacobinos, y contra los girondinos. Participó en la toma de las Tullerías el 10 de agosto, donde es herida por bala en un brazo, y por haber seguido luchando en esas condiciones se ganó el apodo de "Heroína de agosto Décima" y se le entregó una corona cívica.

Fue una buena oradora y se destacó por su hostigamiento a los girondinos. En julio de 1792 se presentó ante la Asamblea Nacional para pedir autorización en la creación de batallones femeninos y el derecho de portar armas, para combatir a la reacción de Vandea. En sus reclamaciones pidió, además, la destitución de los nobles, la depuración del gobierno y que se diese solución a las crecientes necesidades de la mujer trabajadora.

Su discurso dado en la Asamblea Nacional está considerado como uno de los más interesantes de la Revolución francesa.

Era asidua a los clubes revolucionarios y en febrero de 1793 decidió crear junto a Pauline Léon su propio club: Sociedad de Mujeres Republicanas, que fue el segundo club revolucionario femenino que se creaba en la Revolución, sin embargo era el más importante de su tiempo, aunque éste fue muy corto; estuvo constituido en su mayoría por mujeres de la clase trabajadora y actuaba en defensa de sus derechos y de las mejoras en las condiciones de vida.

Fue fiel a los jacobinos, pero en sus reivindicaciones llegó a atacar a la misma Convención, defendiendo los derechos de las mujeres trabajadoras, junto a exigencias de la clase proletaria. Sus delegaciones y peticiones radicales llegaron a hacer sumamente incómodas y el 30 de septiembre de 1793, el Comité de Salud pública decidió cerrar el club. Lacombe luchó y se manifestó abiertamente en contra de su cierre, pero no sólo no fueron escuchadas sus reclamaciones, sino que  poco tiempo después se prohibieron  el resto de clubes o sociedades femeninas.

Al año siguiente del cierre de la sociedad fue arrestada por sospechas en sus protestas contra el tratamiento que se le daba a los presos políticos. Estuvo encerrada durante dieciséis meses, habiendo sido trasladada en varias ocasiones de una prisión a otra.

El 20 de mayo de 1795, mientras permanecía en prisión, se le prohíbe asistir a las sesiones de la Convención y a los pocos días se le prohibió acudir a cualquier asamblea política e incluso participar en manifestaciones callejeras de más de cinco personas. El 18 de agosto de ese mismo año es puesta en libertad.

Al salir de prisión se encuentra con que las condiciones de la lucha ya no son las mismas, los ideales políticos y feministas eran perseguidos y reprimidos. A finales de 1795 fue contratada en Nantes como actriz de teatro y se le pierde la pista, no teniéndose más noticias de ella.


Pauline Léon



Anne Pauline Léon nació en París el 28 de septiembre de 1768, y murió en Bourbon-Vendée el 5 de octubre de 1838. Hija de fabricantes de chocolate en París, que a la muerte de su padre, con 16 años se puso a trabajar junto a su madre en la tienda y en el cuidado de sus cinco hermanos.

El 14 de julio de 1789 estaba presente en la toma de la Bastilla. Frecuentó distintas sociedades, como la Sociedad de amigos de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, de los cordeleros; la Sociedad Fraternal de Patriotas, de uno y otro sexo, donde se relaciona con Jean-François Varlet y Louise Robert; y la Sociedad de Mucius Scaevola.

El 6 de marzo de 1792 lideró una representación de ciudadanas que se dirigió a la Asamblea Nacional y leyó un documento firmado por 320 mujeres de París pidiendo permiso para organizar una guardia nacional femenina. En diciembre de 1792 firma la petición que hace la Sociedad Patriótica de Luxemburgo pidiendo la muerte del rey.

El 13 de mayo de 1793 fundó, junto a Claire Lacombe, la Sociedad de Ciudadanas Republicanas Revolucionarias. El 2 de junio de 1793 lidera una delegación de su sociedad que desean ser admitidas en la Convención. El 9 de julio se convierte en la presidenta de la Sociedad. El 30 de octubre de 1793 la Convención Nacional disuelve todas las sociedades femeninas.

En noviembre de 1793 se casó con Théophile Leclerc, líder del grupo Enragés, y retoma el negocio familiar. El 17 de marzo de 1794 viaja hasta La Fére, donde han movilizado a su marido, y ambos son detenidos el 3 de abril con la acusación de hebertistas hecha por el Comité de Seguridad General. Son llevados a París y encarcelados en la prisión del Luxemburgo el 6 de abril.

Con la ayuda de Jean Lambert Tallien, a quien había conocido en 1792, Pauline Léon y Théophile Leclerc fueron puestos en libertad el 22 de agosto de 1793.

En 1804, siendo institutriz en París, reclama la liberación de su hermano, que había sido detenido por escritos hostiles a Bonaparte. Posteriormente se reunirá en Bourbon-Vendée con su hermano que trabajaban en una imprenta.

El 5 de octubre de 1838 muere en su casa en Bourbon-Vendée.


 

Théroigne de Méricourt



Anne-Josèphe Terwagne de Marcourt, conocida como Théroigne de Méricourt. El nombre es una adaptación al francés del valón belga, y el apellido es una burla que la prensa favorable al rey hizo con la localidad en la que nació, el 13 de agosto de 1762 en Marcaurt, al sur de Lieja; falleció el 23 de junio de 1817 en el Hospital de la Petié-Salpêtrière, en París.

Hija de campesinos propietarios, la mayor de tres hermanos. Tenía cinco años cuando murió su madre al nacer su tercer hijo, el 22 de diciembre de 1767. Es confiada a una tía, en Lieja, quien la lleva a un colegio religioso de la ciudad, donde recibía clases de costura. Cuando su tía se casa la saca del colegio, al resultarle costosa su estancia, y la tiene en su casa como sirvienta; pero se escapa y vuelve con doce años a la casa de su padre, que había vuelto a contraer matrimonio. Al año siguiente, por desavenencias con su madrastra, se marcha de casa a la edad de catorce años para cuidar vacas en una casa burguesa, en Sougné-Remouchamps. Un año después regresa a Lieja para trabajar como costurera. Tras pasar por varios trabajos más, cuidando de las hijas de burgueses, pasa a llevar una vida de cortesana en Anvers durante cuatro años, al lado de la señora Colbert, cortesana de origen inglés. Durante estos años llevará a cabo su formación, aprenderá a leer, escribir, cantar y tocar algunos instrumentos, al tiempo que cuidará de los hijos de Colbert.

Tras vivir en París, prueba a hacer carrera como cantante en Londres, donde después de una relación fugaz con un oficial inglés quedará embarazada y tendrá una hija, Françoise-Louise, que falleció de viruela 1786. Se traslada a Italia, donde tiene diferentes parejas y contrae la sifilis, de la que fue tratada según los tratamientos de la época, con mercurio. Conoce a un viejo marqués, Doublet de Persan, Consejero del Parlamento de París, que le presta ayuda económica. Después conoce a Giusto Fernando Tenducci, un "castrato" italiano, que quiere llevar su carrera de cantante, haciéndole firmar un contrato abusivo, y la lleva a Génova para cantar y explotarla comercialmente; más tarde tendrá que recurrir a amigos para poder anular el contrato. Sin dinero recurre a un banquero suizo, Jean-Frédéric Perregaux, para pedirle ayuda y regresar a Roma, con cargo al Marqués de Persan, así como cartas de recomendación. En Roma se entera de la convocatoria de los Estados Generales por parte del rey Luis XVI, y decide volver a Francia.

Llega a Francia el 11 de mayo de 1798, trasladándose  a Versalles para asistir a las reuniones y a las tribunas de la Asamblea. Al ser la única mujer en las tribunas, y para evitar discriminaciones, decidió vestir con ropa de hombre, utilizando ropa de amazona. Su primera participación fue el 17 de julio de 1789, portando una escarapela tricolor. El 19 de octubre la Asamblea se traslada a París, donde ya lo había hecho la familia real, y ella, siguiendo a la Asamblea también cambia su residencia. En la ciudad tiene un salón en el que se reunían personajes políticos como Sieyès, Camille Desmoulins, Brissot, o Louis de Saint-Just. Se relaciona con el matemático Charles-Gilbert Romme, y junto a él funda en enero de 1790 la Sociedad Amigos de la Ley, de la que era archivista. La sociedad se une al club de los cordeleros, donde entabla amistad con Camille Desmoulins, Pétion y Sieyès.

Théroigne observó que los partidarios de la revolución hablaban de los derechos de los hombres, como varones, pero no de los de las mujeres. Frustrada por las pocas oportunidades para las mujeres en la Asamblea se centró en la creación de clubes y sociedades patrióticas sólo para mujeres y mixtos.

Fue el blanco de una campaña de calumnias por parte de los monárquicos que para desacreditarla la trataron de mujer libertina y pendenciera; la prensa realista publicó artículos que la ridiculizaban tratándola de "puta de los patriotas" y "jefa de guerra", convirtiéndose en el objetivo de los contrarrevolucionarios; un periodista escribió que cualquier representante de la Asamblea Nacional podía ser el padre de su hijo. El periodista realista y satírico Louis René Quentin de Richebourg de Champcenetz la llamó "Théroigne de Méricourt", transformando su apellido en nombre y deformando su localidad natal Marcourt en Méricourt.

Debido a la presentación de una denuncia relacionada con los sucesos del 4 y 5 de octubre de 1789 con la entrada violenta en el palacio de Versalles, en 1790 son citadas para comparecer y ser interrogadas Reine Audu y Théroigne de Mericourt, y decide abandonar rápidamente París para refugie en Lieja, donde es detenida por las autoridades austriacas acusada de espionaje, siendo encerrada en la fortaleza de Kufstein en Tirol. El govierno de la Asamblea francés negocia con el emperador Leopoldo II su puesta en libertad, que se produce en julio de 1791. Esta detención aumenta su popularidad en París.

El 26 de enero de 1792 hace una entrada triunfal en la Sociedad de Amigos de la Constitución o club de los jacobinos, que la proclaman "Primera Amazona de la Libertad".

El 20 de abril de 1792 Francia declara la guerra a Austria y Prusia, y ella, que es partidaria de la guerra intenta crear un batallón de mujeres dispuestas a luchar para defender París. Veinte días después de que Pauline Léon se presentara en la Asamblea Legislativa, para leer la petición firmada por más de 320 mujeres, por el derecho de crear una Guardia Nacional femenina, Théroigne de Mericourt, delante de la Sociedad Fraternal de Mínimos, invita a las ciudadanas a organizarse como cuerpos armados, y reclama la igualdad política para las mujeres y el derecho a poder portar armas.

El 10 de agosto de 1792 participa, junto al pueblo de París, en el asalto al Palacio de las Tullerías. A finales de 1792 Théroigne empieza a distanciarse de los jacobinos y a posicionarse cerca de Brissot, líder de los girondinos. El 13 de mayo de 1793, la Asamblea Nacional Constituyente la acusa de apoyar a Brissot, y es atrapada por un grupo de mujeres jacobinas que la acusan de girondina y traidora de la Revolución, la desnudan y azotan públicamente durante horas, hasta que llega la orden de Jean Paul Marat que puso fin a la agresión de Las Costureras.

A partir de la paliza y humillación recibida su estado mental comenzó a deteriorarse, y el avance de su enfermedad venérea, la sífilis, la neurosífilis y los efectos del mercurio en el organismo debido al tratamiento al que fue sometida para atajar esta enfermedad, pudo dar lugar a los problemas mentales y trastornos persecutorios que sufrió. En la primavera de 1794, su hermano solicita su tutela y la hace internar el 20 de septiembre de 1794 en el asilo de Faubourg Marceau. Después de diversos internamientos en distintos centros mentales en 1807 fue ingresada en el Hospital de la Pitié-Salpêtrière, donde permaneció hasta su muerte el 23 de junio de 1817.


 

Jacques Roux



Nació el 21 de agosto de 1752 en Pranzac, y el 10 de febrero de 1794 se suicidó en la prisión de Bicêtre. Fue sacerdote en París, y abandonó los votos al comienzo de la Revolución. Portavoz de los sans-culottes, que a partir del invierno de 1793 lideró la fracción de los enragés o furiosos, los más pobres y desesperados de los revolucionarios, que residían en su mayoría en las barriadas de las Secciones de Gravilleros, haciéndose miembro de la sección revolucionaria de Gravilleros.

Desde el inicio de la Revolución participó en la quema de castillos nobiliarios y es uno de los primeros sacerdotes en presentar el juramento que establecía la Constitución Civil del Clero aprobada por la Asamblea Nacional Constituyente, antes de dejar los hábitos. Exhortaba a los más pobres a pedir la bajada de precios de los artículos básicos, perseguir a los acaparadores de alimentos, especuladores y traidores, así como la pena de muerte del rey.

Formó parte del Consejo General de la Comuna de París, siendo la voz radical de los más necesitados. Ante los problemas de suministros de alimentos, habiendo un importante desabastecimiento, formándose enormes colas frente a las panaderías; la presión del pueblo más radical logró hacer fijar el precio de la libra de pan en tres centavos.

Cuando el 24 de junio de 1793 se adoptó una nueva constitución, para Roux fue insuficiente ya que consideraba que los jacobinos eran burgueses, y que la "burguesía mercantil" era peor que la "aristocrácia nobiliaria y sacerdotal"; que los terratenientes y comerciantes ricos deberían ser desposeídos para repartir la riqueza entre la ciudadanía.

Tanto los girondinos como los jacobinos veían con miedo la ideología de los enragés, pues uno de los principios fundamentales de la Revolución liberal es el respeto por el derecho a la propiedad privada.

Para deshacerse de Roux se le acusó de ser un espía al servicio del extranjero. El 5 de septiembre de 1793 fue arrestado, y el 12 de enero se presenta ante el Tribunal Revolucionario, que él interpreta como un signo evidente de que le esperaba la guillotina. El 10 de febrero de 1794 se suicida acuchillándose en la prisión de Bicêtre.

Pero la idea utópica del reparto equitativo no caerá en el olvido y será el fundamento de ideologías que se desarrollarán más adelante, como el socialismo, el marxismo, el anarquismo o el comunismo.


 

Sans-Culottes



Literalmente significa "sin calzones", en referencia a la prenda de vestir que usaban los sectores más acomodados en la Francia del siglo XVIII. Los sans-culottes vestían bastos pantalones largos de paño a rayas, eran asalariados, trabajadores o tenderos de la baja burguesía, artesanos y campesinos. Expresión usada, en un principio, de forma despectiva; pero, después es exhibida con orgullo por ellos mismos.

Fueron determinantes en los distintos acontecimientos de la Revolución francesa y las sucesivas guerras revolucionarias francesas hasta 1794, formando el grueso del ejército revolucionario, a pesar de no estar bien equipados, durante los primeros años de la Revolución.

Se aliaron con los jacobinos y el gobierno de Robespierre, contra los girondinos, y cuando la reacción de Termidor acabó con este gobierno y con la vida del propio Robespierre y sus partidarios, así como con la vida de 71 miembros de la Comuna de París y cientos de representantes de la izquierda, no se resignaron y lucharon para acabar con la "burguesía termidoriana", constituida por los ricos patrones de fábricas y banqueros, y restablecer la Constitución de Robespierre de 1793; pero fueron brutalmente reprimidos por el general Napoleón, poniendo fin a sus ideales de sociedad. El poder absoluto del rey había terminado, sin embargo, a partir de ahí se impondría el poder del dinero.


 

Enragés



Dentro de los sans-culottes eran el grupo más radical, los más pobres y desesperados, los "enragés", los furiosos o rabiosos, que se atrevieron a atacar directamente a la burguesía. Defendían una democracia popular; que los productos de la tierra pertenecen a todas las personas; que la libertad no es nada si una clase lleva a otra a la hambruna, si los ricos imponen, gracias al poder del monopolio, su voluntad sobre la vida y la muerte de los pobres; que el orden social debe asegurar a las personas todos sus derechos y los medios para su felicidad; pedían una bajada de los precios de los productos básicos, y medidas drásticas, incluida la pena de muerte, para los propietarios y comerciantes que acapararan el grano o lo vendieran  por encima del precio tasado.

Ante los saqueos y asaltos a las tiendas, los enragés lo justificaban como un medio de "restituir al pueblo lo que le hacían pagar demasiado caro desde hace mucho tiempo".

El 8 de junio de 1793, tras la caída de los girondinos, Varlet leyó ante el Consejo General de la Comuna de París la Declaración solemne de los derechos del hombre en el estado social, en el que se defendía la democracia directa frente a la representativa.

En septiembre de 1793 Roux y otros enragés fueron detenidos acusados de contrarrevolucionarios.

Karl Marx consideró a los enragés como uno de los eslavones que condujeron al resurgimiento de la idea comunista.


 

Guillotin



Joseph-Ignace Guillotin nació en Saintes el 28 de mayo de 1738 y murió en París el 26 de marzo de 1814. Fue médico y diputado francés. Se asocia su nombre con la guillotina, que no inventó, pero sí propuso su utilización en Francia, haciendole algunas mejoras, y a partir de su uso fue habitual el uso de su nombre para referirse a la máquina o dispositivo para ejecutar a los condenados a muerte.

Sin embargo, y a pesar de su propuesta, Guillotín era contrario a la pena de muerte, pero creía que un método más humano debería ser el primer paso hacia la abolición de la pena de muerte. Hay que tener en cuenta que antes de empezar a usarse la guillotina los reos eran ejecutados en la horca, la rueda o, incluso, el desmembramiento; la decapitación por espada o hacha estaba limitada a la nobleza, y, aún así, en el momento del golpe era más que probable que el condenado se moviese, impidiendo que el verdugo fuese certero, y ocasionando una escena espantosa.

Hay una leyenda urbana que afirma que Guillotin fue ejecutado con su propia máquina, debido a que un doctor con el mismo apellido sí fue ejecutado en la guillotina; pero lo cierto es que la causa de su muerte fue a consecuencia de una infección de carbunco en un hombro.


 

Luis XVI



Luis XVI nació en Versalles el 23 de agosto de 1754 y murió en París, decapitado, el 21 de enero de 1793. Nieto de Luis XV. La muerte de sus hermanos mayores y de su padre, Luis Fernando de Borbón, único hijo de Luis XV, y que no llegó a reinar al morir joven, le convirtió en heredero al trono. Fue rey de Francia y de Navarra, y coprincipe de Andorra. Se casó en 1770 con la archiduquesa María Antonieta, hija menor de la emperatriz María Teresa de Austria y de Francisco de Lorena (Francisco I de Austria). El matrimonio tuvo cuatro hijos, sólo la mayor sobrevivió a la revolución.

Cuando ascendió al trono el país estaba empobrecido y endeudado. Propuso reformas económicas liberalesque fueron combatidas por la Corte de Versalles y el parlamento francés. Con la reunión de los Estados Generales, en el año 1789, de la nobleza, el clero y el pueblo (en su mayoría burgueses) comenzó el principio del fin de su reinado. La debilidad económica del país, los derroches de la nobleza y la demanda de más igualdad por parte del pueblo prendieron la mecha de la Revolución francesa.

El Tercer Estado se constituye Asamblea Nacional y se autoproclama como los únicos custodios de la soberanía. Luis XVI prepara una intervención del ejército para disolver la Asamblea Nacional por la fuerza, pero la población reacciona y se desatan revueltas del campesinado de los trabajadores de las ciudades, y que poco después darán lugar a la toma de la Bastilla por las armas, el 14 de julio de 1789.

En 1791 acepta la Constitución francesa por temor a la Asamblea. En 1792 una revuelta asalta el palacio de las Tullerías y es encarcelado. La Convención Nacional (órgano legislativo) le acusa de traición, tras el hallazgo de documentos personales que le incriminaban, y es condenado a muerte.

Luis XVI murió guillotinado el 21 de enero de 1793. Los habitantes de la capital lo celebraron cantando "La Marsellesa", bailando y gritando "¡Viva la República!". Su esposa corrió la misma suerte meses después.


 

María Antonieta



María Antonia Josefa de Habsburgo-Lorena nació en Viena el 2 de noviembre de 1755, murió en la guillotina, en París el 16 de octubre de 1793. Archiduquesa de Austria y reina consorte de Francia y de Navarra, hija de Francisco I de Austria y de la emperatriz María Teresa I de Austria. Se casó en 1770, a los catorce años con el entonces delfín y fituro Luis XVI de Francia.

Detestada por la corte francesa, la llamaban "L´autrechienne", juego de palabras entre "austriaca" y "otra perra", y el pueblo, acosado por el hambre, la acusaba de derrochadora, presumida y de influir a su marido a favor de los intereses austriacos, y la llamaban "Madame Déficit" y "loba austriaca". Ella trata de amoldarse al protocolo y ceremonia francesa pero aborrece la corte gala. Su marido, tímido y reservado la evita, debido a un problema de sífilis, por lo que el matrimonio no consuma hasta julio de 1777. Aficionada al teatro y a los grandes bailes, a los juegos de naipes y a la moda. Circulan panfletos en los que se la acusa de tener amantes e incluso mantener relaciones con mujeres, de despilfarrar el dinero público en frivolidades o entre sus favoritos, y de estar dirigida por su hermano José II.

El día de su ejecución, el 16 de octubre de 1793, todo París se encuentra en las calles, en los balcones y tejados para abuchearla e insultarla mientras se dirige al cadalso con las manos atadas a la espalda, casi nueve meses después de la ejecución de su marido Luis XVI. Cuando el verdugo muestra su cabeza a la muchedumbre, grita con furia: ¡Viva la República!

 


Fuente





Juanjo Administrator
Miembro del colectivo Renta Básica Fuenlabrada

 

 

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